Los une más que nada un repudio casi visceral a la política económica que opera Las maldiciones, sin embargo, hacen blanco más en Lavagna que en Kirchner como si el Presidente no avalara cada movimiento de su ministro de Economía. Se entiende: todavía reivindican al patagónico por el recambio de la Corte Suprema o la política en materia de derechos humanos, por ejemplo.
Además, avalan las gentilezas que Kirchner cruza con Hugo Chávez y otros líderes sudamericanos. Pero, aclaran, eso no es suficiente.
Este mediodía, en la sede del PSA sobre calle Sarandí, Castro, Cafiero, Mazziteli y Meller servirán empanadas, en ceremonia formal de lanzamiento de su entente, cuya postura frente a las políticas de la Casa Rosada podría definirse como crítica pero no virulenta.
Todos, además, empiezan a pensar en las legislativas de 2005. Es razonable: renovación parlamentaria mediante, si no pujan por huecos en boletas electorales con chances de sumar votos,
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