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Viaje corto, es cierto. Adecuado a un país en crisis. En un comienzo, el embajador en Grecia, Raúl Ricárdez, había propuesto un fin de semana en las islas Sarónicas para que Duhalde se entregue a sus pasiones náuticas (amante del gomón, como es sabido, le gusta vivir en traje de baño y ojotas). Pero ese tramo a Carlos Ruckauf le pareció inadecuado o «escandaloso», como dijo un miembro de su staff, sobre todo, porque la única actividad oficial consignada por Ricárdez era un almuerzo con el presidente de Grecia, «a confirmar». Por eso el capítulo helénico de la visita de los Duhalde, que incluía una breve recorrida por la Acrópolis de Atenas, se suspendió. Igual que el cruce hasta Marruecos, donde Chiche y su esposo visitarían las medinas y comprarían algún souvenir para los amigos.
Cuidadoso de la imagen, el Presidente pidió algo más sobrio. Mañana llegará a Roma con una comitiva muy discreta y disfrutará de la primavera durante el fin de semana. El lunes irá al Vaticano y a las 11 será recibido por el Santo Padre, a quien le agradecerá el aporte de la Iglesia al «Diálogo Argentino» (a propósito: ¿qué habrá sido de aquella iniciativa?). Esteban Caselli, el secretario de Culto, encontró la excusa ideal para que la visita se circunscriba a la Santa Sede: «La Iglesia no ve con buenos ojos que se visite al Papa 'de pasada', mientras se hace una gira por Italia». En rigor, la burocracia de la Cancillería había procurado un encuentro con Silvio Berlusconi, pero sólo consiguió que le habiliten reuniones de segundo nivel entre funcionarios para temas de rutina. Habrá, por eso, sólo piedad. Además de visitar el Palacio Apostólico, Duhalde almorzará con el cardenal Angelo Sodano, secretario de Estado del Vaticano (el hombre que acuñó esa frase tan llamativa acerca de que «el derecho es un acordeón» al pedir que el gobierno impida la construcción de un hotel al lado de la Nunciatura porteña, en un palacio que en otros tiempos se le adjudicó al propio Caselli). Será en la casa de Vicente Espeche Gil, el embajador ante el Papado, a quien el secretario de Culto quiso en vano derribar varias veces, sin éxito. Se consuela con tenerlo sumariado y querellado.
El tramo romano tendrá una curiosidad para los Duhalde: irán al priorato de la Orden de Malta, también a instancias de Caselli (el hijo del secretario, Antonio, a quien cariñosamente llaman «el embajador niño», es representante de esa institución en Buenos Aires). Alguien que seguramente no es Caselli le explicará a la pareja gobernante que el edificio lo construyó Gian Battista Piranesi y que se trata de la única construcción que llevó a cabo este arquitecto que se hizo famoso por sus grabados.
Agachándose apenas, los Duhalde mirarán por la cerradura del portón y se asombrarán con la vista de la cúpula de San Pedro que desde esa altura del Aventino se ve como en una diapositiva.
Finalizado el lunes, el Presidente y su comitiva viajarán a Madrid. Llegarán en momento inoportuno, cuando José María Aznar enfrente en un debate a José Luis Rodríguez Zapatero, el candidato socialista a sucederlo, para discutir la adhesión de España a la política de los norteamericanos en Irak. Allí, en la capital de un país en guerra, Duhalde tal vez no repita las declaraciones de los últimos días, en contra de la guerra del Golfo y de los Estados Unidos («pagamos muy cara la sumisión a ese país», dijo ayer).
Abel Parentini Posse, embajador en Madrid y aspirante a ocupar una butaca en la Real Academia Española --diplomático, también es escritor-, aconsejó no reunir a Duhalde con empresarios que están disgustados con el incumplimiento de algunas promesas.
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