Para el gobierno de Néstor Kirchner se inicia hoy una semana clave en el Congreso. Mañana conseguirá convertir en ley el proyecto de reforma previsional que, entre otros temas, habilita el pase del sistema de capitalización al de reparto. Ese trámite está ya garantizado, aunque el apoyo de la oposición venga con cuestionamientos por la falta de garantías para que los mayores fondos que recibirá el sistema previsional oficial no sean utilizados para financiar gasto público.
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Pasada esa prueba, lo más esperado estará el próximo jueves. Será cuando Kirchner visite el Congreso para dejar inaugurado el 125° período de sesiones ordinarias ante la Asamblea Legislativa.
Desde hace 20 días, algunos diputados kirchneristas se están ilusionando con que en ese momento el Presidente dé alguna señal sobre la futura candidatura en octubre de Cristina Kirchner. La especulación no es menor ya que éste podría ser el último mensaje sobre el Estado de la Nación de Kirchner al Congreso. Por eso hoy la mesa de conducción del bloque kirchneristas tendrá una reunión especial donde se organizará la votación del proyecto de reforma previsional y luego los fastos organizados para recibir al Presidente. El número de convocados a la plaza, esta vez, podría no ser nuevamente el esperado por el gobierno. Aunque esta vez una falla será doblemente negativa: sería imposible de pensar una plaza que puede ser despedida y lanzamiento.
Escenario
Para todo ese trajín, el escenario del próximo jueves estará montado:
Afuera, en la Plaza de los Dos Congresos, se organiza una convocatoria de piqueteros oficiales y algunos intendentes para recibir al Presidente. Quieren que la concurrencia sea superior a la del año pasado, cuando los organizadores no consiguieron cubrir más que unos 20 metros de la plaza por detrás de las banderas y pasacalles sobre la avenida Entre Ríos que, gracias a Dios, no dejan distinguir demasiado lo que había más allá.
Hace 15 días se prometió sumar unas 50.000 personas. Pero, como en todo acto, cuando se acerca el día, la realidad comienza a imperar.
Hasta ahora, las reuniones de Oscar Parrilli, secretario general de la Presidencia, con Luis D'Elía, Emilio Pérsico y Jorge Ceballos, movilizadores clásicos del kirchnerismo, no permitieron ni arrimarse a ese número.
Será recibido por las clásicas comisiones de legisladores que se desesperan por aparecer en la foto con el Presidente. Adentro lo escucharán Cristina Fernández, que llegará con él custodiado por el cuerpo de honor de la Policía Federal y se retirará también en el clásico auto precedido de la guardia de Granaderos a caballo. A su lado estarán Daniel Scioli y Alberto Balestrini. Cristina más lejos utilizará una banca como en años anteriores.
Kirchner, que llegará al Congreso a las 11.15, emitió en esta ocasión un curioso decreto -publicado hace 7 días en el Boletín Oficial- por el que convocaba a la apertura de sesiones ordinarias fijando la fecha (1 de marzo) y la hora (las 12). La decisión de emitir un decreto, más allá de parecer un acto compulsivo del Poder Ejecutivo al no poder ya frenar la firma de ese tipo de instrumentos (de cualquier tipo, desde los de necesidad y urgencia hasta los reglamentarios), no se ajusta estrictamente a la Constitución nacional. De hecho, Kirchner lo firmó dos días después que Daniel Scioli -en su rol de presidente de la Asamblea Legislativa- hubiera firmado también su decreto convocando a la sesión para recibir al Presidente, en este caso sí cumpliendo lo que indica la Constitución.
Quizás olvidó la Casa Rosada que el Presidente puede prorrogar las sesiones ordinarias -después del 30 de noviembre- o convocar a extraordinarias en la misma fecha; pero el Congreso es soberano para iniciar las sesiones ordinarias y no necesita orden alguna del gobierno para hacerlo.
Otro clásico de estos días es la anticipación del discurso presidencial. Se sabe que el mensaje del Presidente tendrá un fuerte contenido económico. El año pasado, Kirchner dedicó una buena parte de su discurso al combate contra la suba de precios.
Esta vez tendrá el escenario más predispuesto aún para ese tema. No sólo habrá alusiones a los empresarios y exhortaciones a mantener bajo control la inflación, sino que también protestará por las acusaciones de la oposición, de economistas y hasta medios extranjeros de querer controlar el INDEC removiendo funcionarios. Las advertencias de la Organización Mundial de Comercio y el Banco Mundial sobre los peligros futuros de la economía argentina serán para el Presidente más que una excusa perfecta para meterse en el terreno que más le gusta en la crítica al capitalismo inhumano.
Kirchner no puede dejar pasar la ocasión sin referirse al descenso de la desocupación, el aumento en la inversión educativa -más ahora con Daniel Filmus en campaña- y a reivindicar, una vez más, el pago adelantado al FMI.
Pero el tramo más complicado del mensaje será, sin duda, cuando Kirchner haga referencia al conflicto con Uruguay por las papeleras. Será en un momento donde la pelea diplomática recrudeció con la respuesta a la carta enviada por Montevideo, la denuncia argentina sobre el inicio de pruebas hidráulicas por parte de Botnia y la presentación ante el Grupo de Acción Financiera Internacional denunciando los débiles controles uruguayos contra el lavado de dinero.
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