Entre hoy y mañana, el anuncio será oficial: la Comisión Nacional de Defensa de la Competencia (CNDC) aprobó la fusión entre CableVisión y Multicanal, las dos empresas de cable propiedad del monopolio «Clarín».
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Tal como adelantara este diario, la operación quedará convalidada -a pesar de que consolida la dominación monopólica del negocio de la TV paga por parte del grupo Noble/Magnetto-antes de que asuma la presidente electa Cristina de Kirchner.
Sin embargo, de confirmarsela versión recogida por este diario, el organismo que comanda José Sbatella y que depende formalmente del Ministerio de Economía (pero que en general cae bajo los tentáculos del omnipresente Guillermo Moreno) no obligará a «Clarín» a efectuar ninguna desinversión como requisito para concretar la fusión. A lo sumo, según la especie, sólo deberá optar por una de las dos marcas (CableVisión o Multicanal) en las ciudades o barrios en las que ambas se superpongan. Entre ambas tienen casi tres millones de hogares cableados; el que les sigue en cantidad de clientes es DirecTV -de casi nula penetración en grandes ciudades- con poco más de 600.000 abonados. El resto del mercado se reparte en empresas provinciales y hasta locales que dependen de «Clarín» para que les provea de señales, en especial del fútbol y su propio «Canal 13», con Marcelo Tinelli como ancla. La obligación de no superponer las marcas en un mismo territorio más que un castigo será una bendición: el monopolio podrá cerrar oficinas, despedir personal técnico y administrativo, en una palabra, reducir costos con elementos y argumentos que le entrega el propio gobierno nacional.
Cabe recordar que en fusiones anteriores de magnitud semejante el comprador debió desprenderse de activos. Es el caso de la compra de Cervecería y Maltería Quilmes por parte de la brasileña Brahma (AmBev), que debió vender su propia planta elaboradora de cerveza en Luján, una malteríay las marcas Bieckert e Imperial, entre otros bienes. En el caso de «Clarín» no sólo no debe vender ni un abonado: le permiten recortar personal y costos.
El «regalo de fin de mandato» que le entrega Néstor Kirchner al monopolio que capitanea Héctor Magnetto debería tener como contrapartida un período de «paz social» entre el grupo y el gobierno que asume el lunes que viene. De hecho, los ataques a Mauricio Macri desde la tapa del diario -el caso de un paciente fallecido en el Hospital Fernández, del que se quiso hacer responsable a su director, futuro ministro de Salud del Gobierno porteño; la desaparición de Moreno como «el malo» y otras situaciones similares- demuestran que, al menos hasta que se dé a conocer la resolución de la CNDC, «Clarín» mantendrá su volátil palabra. Los Kirchner deberían recordar, sin embargo, la suerte que corrieron pactos similares prometidos por el grupo a los militares de la última dictadura, a Raúl Alfonsín, a Carlos Menem, a Fernando de la Rúa y a Eduardo Duhalde, todos ellos incendiados desde las páginas del diario.
La pregunta de por qué se esperó casi tres años para aprobar esta fusión la respondió hace algún tiempo un alto funcionario del gobierno: «Ellos hacen de cuenta que la operación ya está aprobada, y nosotros hacemos de cuenta que no. Ellos avanzaron con la unión de las dos empresas bajo una sola conducción, unificaron las grillas de programación, lanzaron juntas la digitalización... Nosotros nos guardamos el as de espadas de un posible veto a la compra de CableVisión por si se ponen bravos y nos atacan desde la tapa del diario, la radio ( Mitre) los canales (13, TN, etc.) A los dos nos sirve». Para Kirchner, entonces, parece haber llegado la hora de jugar ese as de espadas, pese a que hace algún tiempo atacó con aparente dureza al monopolio e incluso nombró a Alberto Fernández como director por el Estado de Papel Prensa, que los militares le regalaran al Grupo en la década del 70.
Dejá tu comentario