7 de octubre 2005 - 00:00

Hacia un final casi anunciado

Hacia un final casi anunciado
Es conocida la agudeza del humor del interior del país como el santiagueño, el salteño, el cordobés o el riojano. Este último humor, desde la tierra del «Chacho» Peñaloza y Facundo Quiroga -obviando para no encrespar referencias más modernas incluye que a un ex gobernador Bernabé Arnaudo lo llamaban popularmente «seis», porque «dos por tres pagaba los sueldos». A cada «ñoqui» de la administración pública lo llaman algunos riojanos pícaros «Charlas de quincho» porque «aparece sólo los lunes». Allí ahora dicen que La Rioja es una provincia «invadida» porque «hay más foráneos repartiendo que riojanos viviendo»...

El gasto estatal en obras y repartos en vísperas de cada elección, para mejorar la perspectiva propia en las urnas, es una realidad de la política argentina pero también internacional. Desde ya, en países donde hay democracia y urnas. La novedad de estos próximos comicios del 23 de octubre es que no hay antecedentes en la historia política del país de tanto dinero público repartido desde un gobierno para ganar una elección y predominar en el próximo Congreso. Basta pensar que en Corrientes, hace una semana, cada uno de los diputados que prácticamente ya se aseguró la Casa Rosada costó anuncios de gastos del gobierno nacional allí por 300 millones de dólares -600 millones de dólares en total-. Aparte está la sorpresa que provocó que el radicalismo ganador en esa provincia le haya dejado a gente de Néstor Kirchner elegir sus dos primeros nombres en la lista, por lo cual en cualquier conflicto federal Corrientes podría no tener legisladores que la protejan en el Parlamento argentino dado que responden al gobierno central.

Y no es el único caso que sucederá con provincias y legisladores del interior. Los habrá en muchas provincias que responderán primero a la Casa Rosada, en Buenos Aires, que a su terruño. Hay algunos que ni votan en la provincia que representarán, como es el caso de la primera dama de la Nación que lo hará en el padrón de Río Gallegos, Santa Cruz, para representar luego a la provincia más extensa del país. Hay otros que hace años dejaron de vivir en el suelo que los vio nacer pero por estrategias políticas lo representarán igual porque se acordó con el gobierno nacional.

• Récord riojano

La mencionada La Rioja tiene el récord en el país de distribución de enseres, viviendas y subsidios varios en proporción al número de habitantes. Toda una inversión desde el gobierno nacional para que el ex presidente Carlos Menem no gane la elección en su tierra. Suena caro. Aunque es probable que el kirchnerismo logre ganar tras tremendo empeño, el ex presidente ingresaría igual como senador por la minoría, aunque fue subsidiado hasta el radicalismo riojano para que le arrebate también esa posibilidad. En favor del gobierno puede decirse que es legítimo que un poder en ejercicio se esfuerce por mantener y ampliar su base de sustento, sobre todo parlamentaria. Más aún: es su obligación hacerlo para no debilitar la ejecutividad en una nación.

Depende de la honestidad con que se haga. En las democracias consolidadas, también es cierto, no se teme tanto a gobernar con cámaras legislativas adversas. Bill Clinton lo hizo en Estados Unidos recientemente. Aquí se requiere «ceder poderes legislativos», «asumir emergencias económicas» y otros mecanismos insólitos por lo cual es más difícil gobernar con minoría en el Congreso. Legisladores «canjeadores» de medidas con el Poder Ejecutivo -en Nación o en cada provincia, sobre todo la bonaerense- crean corrupción y degradan la democracia. De ahí que en los gobiernos argentinos sea mayor el empeño por dominar los cuerpos legislativos.

Hay que entender algo que midió bien el economista Ricardo Arriazu: desde 1953 -hace 52 años- el cuerno de la abundancia del sector externo nunca se volcó tan a raudales sobre la vida argentina como en estos dos años de Néstor Kirchner, un hombre de particular suerte. Llegó a la presidencia como tercer hombre predilecto del caudillo Eduardo Duhalde porque éste, arbitrariamente, anula la interna peronista para que las bases populares no decidieran. Su primer candidato (Carlos Reutemannno se animó, entrando en deuda histórica con el país) y el segundo, el hombre de Córdoba José Manuel de la Sota (el más dotado), sorprendió al no rendir en aceptación de imagen en un país donde Domingo Cavallo y Fernando de la Rúa habían agobiado la paciencia popular sobre oriundos de esa provincia.

La designación sin tener antecedentes, el triunfo desde la minoría inicial y casi sin votos propios -todo junto a esa excepcional y coincidente inclinación al derrame del cuerno internacional de la abundancia provocarán un triunfo oficial descontado al 23 de octubre. Esta bonanza, que hubiera salvado «hasta al gobierno de Fernando de la Rúa con todos sus males», según es común escuchar, por azar beneficia a un gobierno de centroizquierda no moderno sino ideologizado a la antigua imprevistamente encaramado en el poder.

• Interpretación

El triunfo del 23, en estas circunstancias, desde la óptica oficial puede ser interpretado como que a los argentinos nos gustan los gobiernos de izquierda, el clientelismo como fórmula electoral, el mirar hacia atrás como estilo de vida, el principio de que Carlos Marx no podrá ser mundialmente descartado hasta que no se pruebe que no funciona en la Argentina y que la Iglesia Católica no es lo adecuado para el país, aunque sea mayoritaria. Desde el 24, día después de los comicios, la sociedad argentina comenzaría a oír esto.

Frente a este anómalo panorama de la política argentina, donde parecía imposible causar más asombros, ¿cómo reacciona el grueso del público, por caso ante los repartos desde heladeras, muebles, cheques, viviendas, obras en marcha? Tras dos resultados -Santiago del Estero primero y Corrientes el domingo último- hay una primera inclinación observada.

No se cumple lo que piden los políticos opositores. Aquello de «reciban todo lo que les den pero en el momento de estar en el cuarto oscuro no voten por el gobierno sino por nosotros».

Muchos resuelven el dilema personal de recibir prebendas pero si no gustan del matrimonio Kirchner no concurren a votar. Se notan porcentuales crecientes de abstención en Santiago del Estero y Corrientes en relación con el pasado.

El 63% de los santiagueños y un tercio de los correntinos no fueron a votar con lo cual queda en zona gris la representatividad que la democracia verdadera exige. Venimos de urnas de 2003 donde la indiferencia ante los comicios -pese a ser obligatorio el voto- fue récord en 70 años ya que no se daba, en ese nivel, desde la década de extrema pobreza de 1930.

Que el dinero en las faltriqueras del Estado nacional y su reparto han cambiado la forma de hacer política en la Argentina lo prueban otros hechos notorios: nadie habla de «hacer un River» (concentración política de público en el estadio de ese club que con 25.000 personas bien distribuidas y tapando huecos con las pancartas partidarias puede ganarse el título de diarios como «estadio completo» o el slogan de los organizadores «reventamos el estadio»).

• Ausencia


En muchos años en política nacional es la primera vez que habiendo elecciones con participación de peronistas la tradicional CGT de «los gordos» no les ofrece «hacer un River» a los candidatos. Cuando menos «un Atlanta», «un Ferro» (predilecto de los radicales) o, en el peor de los casos, «un Luna Park» (que cubriendo una tribuna con el palco de oradores y 8.000 activistas se logran titulares en medios también de «estadio lleno»).

Si pudieran hacerlo «los gordos» con sus activistas y abundantes fondos sindicales para contratar micros le harían «un River» a Chiche Duhalde, a la que aprecian más pero temen la represalia del matrimonio Kirchner. Pero éstos y su izquierdismo no agradan a los sindicalistas burócratas que viven alarmados con aquel comentario de hace un mes en el avión presidencial sobre que, después de los próximos comicios, habría internas en el Partido Justicialista para coparlo por el kirchnerismo y hacerlo un partido de izquierda, aunque eso horrorizara a su fundador, el extinto general Juan Perón.

Si está descontado que, con tremendo reparto de fondos públicos y con publicidad preelectoral que cuando menos triplica a los principales opositores, sólo cabe aguardar el triunfo del oficialismo, la única incógnita es con qué porcentual se impondrá. La seriedad de la futura democracia que tendremos depende mucho de esto.

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