«Clarín» impulsaba, con más voluntad que información, que estaba próximo un acuerdo entre Néstor Kirchner y Eduardo Duhalde por las candidaturas de Chiche Duhalde y de la primera dama Cristina que se enfrentan en territorio bonaerense. Tras las rotundas ironías del Presidente sobre el bonaerense en estos días, hasta llegar a decir que no lo conocía, ayer se cayó el globo. Más aún: trascendió que Duhalde aprovecharía afiliados que sigilosamente fue introduciendo en el Frente para la Victoria, el partido de Kirchner, y así puedan pedir una interna, con lo cual el partido del gobierno podría tener candidatos duhaldistas. O, por lo menos, trabar la «lista única». Si en una interna llegaran los duhaldistas a 25%, obtendrían el cuarto candidato (en el radicalismo, en cambio, son más generosos, y la lista obtiene 33% de los cargos con sólo superar ese 25%). La próxima elección sigue presentándose muy sucia en su proselitismo porque, además, no se olvida el envío de piqueteros pro gobierno a interrumpir un acto del opositor Ricardo López Murphy (tras el papelón y repercutir en el extranjero, el gobierno retó severamente a su fuerza de choque y le prohibió repetir tales atropellos), además de haber calificado un ministro al mismo opositor de «animal» y «bestia», y el propio canciller Rafael Bielsa tratar de «botarate» a otro opositor como Mauricio Macri.
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Lo de Duhalde, claro, es una ironía. Pero lo hará. La semana pasada, con mucha discreción, aconsejó a varios de sus amigos presentarse en las internas del partido que armaron Kirchner y Solá para disputar posiciones allí. Ocurrencias de quien tiene tiempo para imaginar picardías, ya que dejó la política, según dice.
Para Kirchner y Solá se trata de un desafío. El proyecto originario del Frente para la Victoria era constituir una plataforma política desde la cual postularse ante el electorado general, sin tener que pasar por las horcas caudinas de las internas, que siempre requieren de aparato, es decir, organización, dinero, punteros. En ese plan, el Presidente y su gobernador aliado tendrían el arbitrio de elegir candidatos sin los condicionamientos que imponen las burocracias partidarias.
El Frente para la Victoria ofrece una ventaja única en este caso. Muchos de sus afiliados son duhaldistas porque el propio duhaldismo los proporcionó en los últimos años. Pasión casi rosista por controlar todo en la provincia. Por eso ya existe el suficiente número de adherentes al kirchnerismo que puede presentarse en la Justicia Electoral, pedir «color», es decir, inscribir una lista para las internas del 31 de julio o del 7 de agosto y pelear por la representación de ese partido. ¿Qué fecha elegirán los duhaldistas para concurrir a la fiesta de sus adversarios? No es una cuestión intrascendente. Postular candidatos el 31 significa enfrentar a los kirchneristas y felipistas que quieran ocupar bancas de senadores o diputados provinciales. También a los que aspiran a convertirse en concejales. Esto último puede ser estimulante para los intendentes del duhaldismo, capaces de armar las dos listas peronistas de su distrito: la que se constituya debajo de la sigla PJ y la que lo haga bajo el logo FV. También los intendentes del kirchnerismo harán eso en sus comunas. Todo sea por conseguir la mayoría absoluta en el Concejo Deliberante.
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