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13 de agosto 2007 - 00:00

Hereda nuevo alcalde guerra de los bingos

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La pelea por el control del juego entre la Ciudad de Buenos Aires y Lotería Nacional se reedita ahora en plena transición del gobierno de Jorge Telerman hacia el de Mauricio Macri. El condimento, esta vez, lo pone un enfrentamiento interno, al menos aparente, entre macristas. Unos reclaman que el jefe de Gobierno electo defienda para el distrito los fondos de las apuestas que ahora controla la Nación; otros firmaron un acuerdo que le permitió a Lotería Nacional, la semana pasada, llamar a licitación por la concesión de los 5 bingos que hay en la Capital Federal. Es decir que el control sigue quedando en manos del gobierno nacional.

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Para más, el ministro porteño de Producción, Enrique Rodríguez, de quien depende el Instituto del Juego de la Ciudad, que debe defender los intereses de la Capital Federal en la materia, anunció que pedirá hoy a Jorge Telerman la remoción de las autoridades de ese organismo, si no le contestan satisfactoriamente un pedido de informes que les envió el viernes pasado.

También Rodríguez reclama conocer esos pliegos de licitación, por los cuales, si no se los envían, debería pagar $ 60 mil. La controversia podría hoy costarle, así, el puesto a las autoridades del Instituto del Juego, ente creado, entre otras cuestiones, para lograr la autonomía en materia de azar y que integran directivos propuestos tanto por el kirchnerismo como por el macrismo.

  • Concesión vencida

  • La disputa se disparó al conocerse que Lotería Nacional licita la concesión de los bingos que está vencida y fue prorrogada hace dos años por ese organismo, también generando puja entre los distritos. Pero, de acuerdo con la Constitución de la Ciudad, esas casas de juego no pueden quedar en manos privadas.

    Los bingos producen alrededor de $ 2 millones mensuales cada uno por las apuestas y en los pliegos se indicaría que no podrán instalarse allí máquinas tragamonedas, las que serían exclusividad del casino flotante y el hipódromo. De todos modos, un convenio anterior de la Ciudad y la nación también prohibía máquinas de monedas en los bingos.

    En su momento, el Instituto diagramó cómo se iban a explotar los bingos y el llamado conjunto -entre el Instituto y Lotería- a licitación, estableciendo que al concesionarse no dejarían de estar en manos estatales, pero el proyecto se aplazó.

    Simultáneamente funciona, con vencimiento en un mes, el mencionado convenio de la Ciudad con Lotería que en su momento impulsó Aníbal Ibarra. Ese acuerdo daba a Lotería la explotación, pero con una retribución para la Ciudad. Fue, inclusive, reclamado judicialmente por considerarse que era anticonstitucional ceder el control de las apuestas, una facultad que la Constitución porteña atribuye a la Capital Federal.

    Por un lado, desde el macrismo se reclama mayor autonomía para el distrito que Macri gobernará a partir de diciembre. Por otro, esa demanda la reiterará esta semana el legislador porteño Daniel Amoroso (PRO). Pero el acuerdo para que Lotería licite los bingos también habría sido firmado por el integrante del Instituto del Juego, propuesto por esa fuerza política.

    El Instituto del Juego lo preside Carlos Gallo, ex director de Lotería Nacional, nombrado allí a propuesta de Telerman.

    Si bien el organismo funciona con autonomía, depende del Gobierno de la Ciudad a través del Ministerio de Producción.

  • Antecedentes

    La pelea por el control de las apuestas en la Ciudad de Buenos Aires se remonta a la gestión de Fernando de la Rúa. El ex intendente intentó clausurar el casino flotante. Ibarra prefirió un convenio para que le fuera transferida parte de las ganancias de las apuestas y se creó el Instituto del Juego como una muestra de que la Ciudad lograría el traspaso de la administración de todos los juegos de azar que se realicen en su territorio.

    La nueva discusión es en qué término Gallo y el resto del directorio del Instituto firmaron un acta complementaria que, como uno de los fundamentos para permitir que Lotería Nacional continúe con el manejo de los juegos, habría expuesto la inestabilidad de más de mil empleados de los bingos.
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