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13 de abril 2007 - 00:00

Hora amarga de Arslanian: con Scioli, termina ciclo

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Leon Arslanian
Poco afecto al tango, León Arslanian debe olfatear por estos días que un hilo fino lo emparenta con «Yira Yira», un clásico de Enrique Santos Discépolo. O, al menos, a uno de sus versos brutales: el que denuncia que a su lado «se prueban la ropa» que va a dejar.

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Con el trasfondo de otra explosión delictiva, Arslanian cumplirá hoy tres años desde que, un martes 13, en abril de 2004, reasumió como ministro de Seguridad, de la mano de Felipe Solá -y con bendición de Kirchner-, en medio de la conmoción por el crimen de Axel Blumberg.

No es un aniversario grato: el tester social se mantiene en rojo y, como Solá, el ministro entró en el declive propio de un fin de ciclo. No es que, de ser gobernador, Daniel Scioli no lo quiera como ministro, pero alguna razón misteriosa ata su suerte a Solá.

Además, la nunca saldada discusión entre estadísticas y clima callejero, no le permitió a Arslanian un instante de calma. Los datos que difunde su cartera, más de una vez llamativos, para mostrar bajas en los indicadores delictivos chocan con la ráfaga diaria de hechos violentos.

Encima, la carta fuerte de su modelo, la depuraciónde la entonces «Maldita Bonaerense», no parece haber logrado los resultados esperados. En su remake como ministro, en el ciclo 2004/07, Arslanian «echó» a 2.700 policías: la cifra abarca los expulsados, los pasados a retiro (forzado) más los puestos en disponibilidad.

Esa purga la operó en una fuerza con alrededor de 50 mil efectivos. Es decir, Arslanian «degolló» a casi más de 5% de la Bonaerense.

  • Usina paralela

    Cualquier comparación es injusta. No es, dirán, la Policía de Rio de Janeiro, corrompida al punto de que Lula da Silva tuvo que enviar al Ejército. Tampoco, confrontarán, es la francesa que en el último tiempo sólo tuvo que expulsar a siete uniformados.

    Tiene que lidiar, además, con Juan Carlos Blumberg, que instaló una usina paralela que propala las denuncias que Arslanian no conoce o trata de ocultar. Como nadie, Blumberg logra enfurecer al ministro de Seguridad.

    En ese baile, con más o menos ruido, no son pocos los « valerosos» que aparecen en una grilla tan prematura como difusa para convivir con el incendio bonaerense. Sobre ese asunto, el candidato Scioli observa en silencio y navega, como siempre, en una dimensión neutra.

    ¿No es eso, acaso, lo que hace Marcelo Saín? El reformador de la Policía Aeronáutica, que fue viceministro con Juan Pablo Cafiero, se florea como responsable de seguridad de Daniel Filmus pero no deja de pensar en una revancha en la provincia de Buenos Aires.

    Saín, que denunció con toda la boca la supuestas complicidades entre dirigentes del PJ y rubros delictivos como los desarmaderos, se aburrió del silbido de las turbinas y quiere acción, vacía en una ciudad sin policía y abundante en el conurbano profundo.Hay quienes imaginan en ese sillón a Aníbal Fernández si, como parece irreversible, el segundo turno K -sea Néstor o Cristina- lo mostrará fuera del gobierno. A Fernández lo imaginan en un megaministerio bonaerense que englobe Gobierno, Seguridad y Justicia.

    Fue, en la hora feliz de Duhalde, la tarea que ejerció José María Díaz Bancalari, antes de que estalle el caso Cabezas y se active la reforma policial.

    Por lo pronto, luego de asimilar que sería Scioli y no él el candidato a gobernador, Fernández se arrimó al vice y lo derivó a un club de ex comisarios que lo asesoran en materia de seguridad. Sobresalen dos: Ramón Orestes Verón y Julio César Frutos.

    Verón fue jefe de Policía cuando Aldo Rico fue ministro, Carlos Ruckauf, gobernador y Felipe Solá, vice. Al rodar Rico, Verón juró con traje prestado como ministro de Seguridad. Hoy, afirman que ad honorem, aportan al ministro del Interior sus visiones sobre la crisis delictiva.

    A Verón suelen consultarlo, pero Frutos -que logró alguna fama cuando le envió una nota explosiva a Eduardo Duhalde, entonces presidente reprochándole el fracaso de la reforma policial- adiestra a comisarios en las provincias en nombre del Ministerio del Interior.
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