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18 de octubre 2006 - 00:00

Hostilidad anti-Kirchner en el acto por Perón del sindicalismo

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Eduardo Duhalde fue estrella fugaz del acto de los sindicalistas en la sede de la CGT antes del traslado de los restos de Juan Perón al mausoleo de San Vicente. En la foto, junto al dirigente Andrés Rodríguez.
El dominio duhaldista del acto en la CGT, desde donde salieron los restos de Juan Perón, se exhibió en la coreografía de los protagonistas de puertas adentro de la sede sindical, más cuidada si se tiene en cuenta que los organizadores se encargaron de que no hubiera observadores de la prensa. La primera sala VIP se montó en el 5° piso, en donde tiene las oficinas Hugo Moyano, quien instaló en la sala de conferencias a un seleccionado de invitados: en el centro de la larga mesa, Eduardo Duhalde, y rodeándolo todo el cacicazgo gremial: Moyano, Juan Manuel Palacios, José Pedraza, Rubén Pereyra, Gerónimo Venegas, Omar Viviani, Luis Barrionuevo, Graciela Camaño, Carlos West Ocampo, José Luis Lingieri, Andrés Rodríguez, Vicente Mastrocolla, Gerardo Martínez, Armando Cavalieri y Rodolfo Daer. Como en toda la casa, ninguna evocación kirchnerista; el nombre del Presidente no figuró ni en discurso ni pancartas, apenas en los cuchicheos de los dueños de casa con el pequeño puñado de políticos que accedieron a esa VIP del 5° piso: José Manuel de la Sota, Chiche Duhalde (en una punta de la mesa, lejos de su esposo), Ramón Puerta, Graciela Giannettasio, Juan Schiaretti y dos allegados, Moisés Ikonicoff e Ignacio De Mendiguren. José María Díaz Bancalari intentó ingresar, pero se atoró en la puerta con el grupo que lo arrastró al 2° piso, en donde se realizó la tenida de discursos. Bancalari fue, junto a Osvaldo Mércuri, uno de los pocos abucheados al ingresar a la CGT. Su cercanía al oficialismo y la portación de cara les costó el apuro del que se salvaron otros amigos del kirchnerismo de diversas veredas pero poco conocidos.

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Los secretarios de Jorge Telerman, Juan Pablo Schiavi (ex Grosso) y Enrique Rodríguez, el comisario político del presidente Carlos «Cuto» Moreno, el ex gobernador de Santa Cruz José Ramón Granero (hoy secretario antidrogas) fueron « marcados» sólo por quienes los conocen, que no son tantos.

Archiconocidos, pero que prefirieron quedarse en las butacas del salón Felipe Vallese, estaban los gobernadores Juan Carlos Romero y Jorge Busti.

Peor le fue a Ramón Ruiz, interventor en el PJ nacional -es decir la máxima autoridad partidaria- en nombre del kirchnerismo. Lo rechazaron en la primera valla, pese a que llevaba su invitación. No fue el único; los «pecetos» cegetistas aplicaron el olfato de los patovicas y dejaban entrar por la cara, no por la invitación. Ikonicoff -que todavía debe dar examen de peronismo- pasó todas las vallas sin presentar ninguna credencial con el solo mérito de tener cara conocida.

Los diálogos en la VIP del 5° fueron de circunstancia pero pesados: Barrionuevo enarbolaba encuestas con triunfos «piñistas» en Misiones por más de 12 puntos; De la Sota prometía que en su momento hará una declaración contra las reelecciones indefinidas. El no la tiene en Córdoba y se anota entre los institucionalistas del peronismo.

Schiavi y su compañero en el Gabinete porteño tarjeteaban por lo bajo invitando a un acto privado por el Día de la Lealtad que organizó anoche Telerman en un bar de la calle Perú. Se hacían guiños con Viviani, el único sindicalista que hoy apoya la reelección del jefe de Gobierno, lo que le ha costado lo marginen de las reuniones del PJ del distrito.

  • Protagonismo

    Cuando los sindicalistas se hubieron ubicado en la mesa del escenario para el segundo round de los discursos, Duhalde y Chiche volvieron a colocarse en el centro, rodeados por los sindicalistas. El ex presidente llamó a la mesa a Antonio Cafiero, que veía todo desde la platea junto a su hijo Juan Pablo (ministro aliancista primero, después felipista) y lo sentó en una punta, completando con Giannettasio el grupo de los políticos que ya estaban arriba (De la Sota, Bancalari, que dieron discursos, como Moyano y el «Momo» Venegas).

    Se entretenían entre las butacas hasta que se cantó la marcha, un sinfín de peronistas de ayer y de anteayer que buscan todavía destino. Los ex militares Julián Licastro y José Luis Fernández Valoni buscaban charla con los pocos uniformados presentes, responsables de la cureña.

    El tercer round fue en una insólita sala VIP que funcionó durante toda la mañana en las cocheras 8 a 12 de la CGT. Allí permaneció desde muy temprano el féretro de Perón, mimado por el «tanatólogo» Ricardo Péculo, que peleaba con nudos y repliegues para asegurar la bandera, la gorra y el sable que cubrían el féretro. «¿Querés ver el 'jonca'?», era la invitación de algunos caciques a unos pocos invitados. Bajaban por un ascensor hasta la cochera y con el permiso de Péculo apartaban a los custodios y se sacaban fotos junto al cajón. Liberaron la tensión cantando de nuevo la marcha cuando la cureña arrancó desde el garage hacia la calle.

    Lo pudieron ver muchos que se quedaron afuera, una tercera línea más cerca de la militancia que de la dirigencia, compuesta con peronistas ya sin libreto y ganados por la melancolía cuyo símbolo era Carlos Carlino, que aún se dice poeta peronista y que saludaba con ademanes de compañero a quien lo reconocía por su gorra tan inconfundible (a cuadros colorinches) como inoportuna en una mañana más que calurosa.
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