22 de diciembre 2004 - 00:00

<i>Ese viejo deporte de perseguir peronistas</i>

La Justicia suiza abre su secreto bancario en casos en que a sus instituciones financieras haya ingresado dinero proveniente, con pruebas, de la corrupción de una persona si es o hubiera sido funcionaria de algún país.

También si se le demuestra que es un dinero que provee al financiamiento del terrorismo o si arriba desde el mundo de la droga. Pero no lo abre si es una disputa de herencias, conflictos comerciales, personales de cualquier tipo o de evasión impositiva. En este caso considera que fue responsabilidad del fisco del respectivo país evitarla. Por eso es muy importante que en el caso de Carlos Menem se haya pronunciado terminantemente la jueza suiza Christine Junod sobre que no hubo ningún movimiento financiero en cuentas eventuales del ex mandatario durante todo el período -10 años y medio-en que presidió el país.

Si hubo cuentas y movimientos antes, como el mismo Menem admitió a la CNN, o después no hace a aquella excepción de informar sobre «dineros de la corrupción». Tampoco dice, porque no le corresponde ante el caso que le planteó el gobierno y la Justicia argentinos, si pudo haber o no corrupción en el gobierno de Carlos Menem desde el 8 de julio de 1899, en que asumió, hasta el 10 de diciembre de 1999 en que entregó el mando a Fernando de la Rúa. Simplemente dice el fallo que en cuentas que pudo haber en Suiza del ex mandatario durante ese período no hubo ni entrada ni salida de capitales, que es lo que hubiera llevado a la suposición de corrupción -no ciertamente tampoco a la certeza-en las eventuales cuentas que pudo haber.

• Arrepentido

Sobre el antes o el después, entonces, no va a sentenciar salvo que se hubiera encaminado una denuncia por otros motivos, como ser por negocios de droga y terrorismo, las otras dos excepciones mencionadas a suprimir el secreto bancario.

Pero también se preocupó Suiza de averiguar sobre la acusación, sin sustento probatorio serio, de que habría recibido Menem 10 millones de dólares por favorecer el atentado de la DAIA. Determinó con anterioridad que no era cierto, como alguna vez señaló y luego se rectificó aquel arrepentido iraní. El dictamen de esa falacia, descartada por la Justicia suiza, se lo entregó personalmente al hombre de La Rioja en 2002 Miguel Angel Toma, en ese momento titular de la SIDE, por orden y «gentileza» del entonces presidente no electo de la Nación, Eduardo Duhalde. Ni existía el banco en la dirección que tal personaje iraní había indicado. Era tan vacua aquella afirmación que jamás la colectividad judía, por ejemplo, la tomó con seriedad. El tercer rubro, especial, para Suiza, la droga y su comercialización, nunca fue vinculado al político riojano, aunque no se descarta que lo intenten tras fracasar los dos artilugios previos.

El gobierno argentino, algunos jueces federales, la política Elisa Carrió y aquel ministro Gustavo Béliz encararon, con mucha elementalidad, las acusaciones que nunca pasaron de habladurías originadas en un hombre vinculado a «Clarín» con residencia en Suiza y enlazado sentimentalmente con una miembro del Poder Judicial, exactamente una fiscal, de ese país. Tan anormal era todo que pretendían incentivar las dos acusaciones fallidas sin tener otro fundamento que la misma declaración de Carlos Menem a la
CNN.

Pero el ex presidente sabía que aquella cuenta de que habló era coincidente con un pago sin retención impositiva -era una indemnización por prisión política, por tanto exenta de carga fiscal-que cualquiera, en su caso, hubiera resguardado en el exterior si se es ciudadano de un país, como la Argentina, que lo privó de la libertad por su actuación política más que a ningún otro en la historia nacional, salvo el general José María Paz en la época de Juan Manuel de Rosas (1829-1852). En tercer lugar, luego de Paz y Carlos Menem, viene otra figura del justicialismo con prisión política alocada de casi 5 años: María Estela Martínez de Perón, viuda del fundador del movimiento justicialista. Si de exilios se trata también el justicialismo marcha a la cabeza en relación a cualquier otro partido en la historia nacional, salvo algunas figuras «unitarias», en el mismo período de la dictadura rosista. Juan Domingo Perón es un ejemplo con sus 17 años sin que se lo dejara volver al país, más tiempo que a cualquier figura de la subversión en los años '70, por ejemplo.

Estos atentados a la libertad individual ensañados históricamente con peronistas no han provenido, mayoritariamente, de ninguna «oligarquía» como podía suponerse por el carácter popular de ese movimiento. En todos los casos participó el radicalismo, desde el envío al exilio a Perón en 1955 tras derrocarlo como presidente un gobierno militar, a tal extremo que ese partido radical tradicional fue el elegido por los militares de la Revolución Libertadora para ser su sucesor civil constitucional, aunque les falló por el encumbramiento imprevisto de un radical antipartido, Arturo Frondizi, que obtuvo la presidencia.

En 1964, en el gobierno radical de Arturo Illia, su canciller Miguel Angel Zavala Ortiz logró impedir en Rio de Janeiro, pidiéndoselo al gobierno brasileño cómplice, el intento de regreso más decidido que encaró Juan Perón desde su exilio en 1955, hasta su definitiva llegada en 1973 para morir aquí en 1974. En el Proceso militar de 1976-1983 nuevamente sufren larga prisión los peronistas como Menem, la señora de Perón, un gremialista como Lorenzo Miguel y otros, mientras el radicalismo encabezado por Ricardo Balbín se silenciaba ante tales extremas medidas contra la libertad por motivos meramente políticos. Años antes, en el otro gobierno militar de los generales Juan Carlos Onganía hasta Alejandro Lanusse, entre 1966 y 1973, el radicalismo aportó otra de sus figuras señeras, Arturo Mor Roig, como ministro del Interior de ese régimen.

• Aftosa

No vale el argumento de que los radicales nunca fueron encarcelados o perseguidos porque no rapiñaron el país como los peronistas. El negociado Koner Salgado, en Tierra del Fuego en los '80, durante la gestión de Raúl Alfonsín, costó mil millones de dólares a la Nación. Un pampeano radical, Antonio Berhongaray, como ministro de Fernando de la Rúa, estimó que «no tenía sentido» seguir con la vacunación obligatoria del ganado contra la aftosa que había implantado la gestión previa de Carlos Menem hasta erradicarla. Volvió el mal al suprimirse la vacunación e hizo perder al país mucho más de mil millones de dólares en exportaciones de carnes hasta que volvió a ser eliminada hace muy poco. No hubo ni siquiera juzgamientos en esos desfalcos. Raúl Alfonsín, inmediatamente antes de que Menem dirigiera el país, envió armas a Centroamérica que fueron desviadas a otro país de esa región con guerrilla. Alfonsín nunca fue juzgado y menos encarcelado. El peronista Menem acusado de lo mismo -ambos no eran culpables-sí lo fue y hasta encarcelado por el juez Jorge Urso y aquel fiscal Carlos Stornelli. El diario de la izquierda ultra «Página/ 12», financiado totalmente hoy desde el Estado, vivió los '90 atacando permanentemente a Menem en absoluta libertad pero ahora acaba de inaugurar algo inédito en la Argentina: censura a la libertad de prensa desde un órgano oficial. Primero «Página/12» censuró hacia adentro al periodista Julio Nudler pero ahora también hacia afuera a Edgar Mainhard, director de la revista «Edición i», por intermedio de una periodista igualmente ultra, SusanaViau.

Los peronistas sólo en una oportunidad, cuando se iniciaron como autoritarios entre 1948 y los primeros años de 1950, en el primer gobierno del general Juan Perón mandaron a exilio a radicales que se alojaron en Uruguay, como aquel punzante orador Agustín Rodríguez Araya y otros. Fue poco en relación a las actitudes criticables del radicalismo histórico que hasta aceptó ir a elecciones presidenciales, en 1963, cuando ganó Arturo Illia,
con el peronismo proscripto como lo había estado también en la elección de 1958, que ganó Frondizi.

El caso Menem y su regreso hoy a Anillaco, su tierra riojana, sin presión judicial de detención, no parece ser más que otra etapa en la persecución histórica al peronismo, donde ahora se han sumado a los radicales las izquierdas radicalizadas. En 1946 en las elecciones presidenciales se formó para enfrentar a Juan Perón en las urnas la llamada Unión Democrática que, entre otros, mezcló radicales con comunistas.

La libertad política plena en la Argentina es todavía una aspiración pese a los 21 años de democracia.
Los sueños hegemónicos dominan a todos quienes alcanzan la primera magistratura y esto ha ocurrido tanto con gobiernos civiles como militares. Los períodos de verdadera libertad de prensa aún se cuentan como una excepción y no una continuidad normal y arraigada. Hemos elegido gobernantes en 21 años pero aún no nos hemos democratizado a nivel de ser una costumbre, como respirar. Tuvimos en el lapso carencia de golpes militares, es cierto, pero también por primera vez en la historia un golpe de Estado civil que protagonizó el duhaldismo contra la presidencia constitucional de Fernando de la Rúa. Duhaldismo golpista allí en combinación, también, con radicales bonaerenses del ala clientelista de ese partido.

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