Un país durante tres años en default, sin recibir por ello otra inversión grande que no sea de mantenimiento o consolidación de lo que ya existe, es un problema grave, pero no el peor. Sí lo es que se esté desperdiciando un momento excepcional de la economía nacional, apantallado desde el exterior, sin encaminar el futuro del país. No ha sido habitualidad de la historia un ciclo aparentemente extenso de buena demanda mundial de productos junto con tasas de interés bajas, algo que lleva al revoloteo de capitales, tan desorientados como abundantes, sobre toda oportunidad de inversión. Pero con mínimos recaudos como una Justicia que funcione, reglas con continuidad y xenofobia razonable. Lamentablemente la libertad y la democracia no son exigencias en la lista para los capitales y basta observar a China en este momento.
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Tenemos hoy un gobierno que gobierna prioritariamente para poder seguir gobernando. No es una tautología. Es una mezquindad política porque no se mira más allá de la próxima elección de legisladores de octubre del año próximo. Y luego se gobernará en función de la elección presidencial de 2007. Luego para el ... y así sucesivamente. Sin ambición no hay políticos ni hombres de gobierno. Pero sólo con ambición política no hay estadistas y sin éstos no hay progreso nacional.
No podemos pedir un estadista tras otro pero sí que salpiquen la historia y en la Argentina tenemos la Casa Rosada inmaculada de estas manchas beneficiosas desde hace 52 años, cuando dejó de habitarla Arturo Frondizi. Es mucho el tiempo transcurrido si queremos más bienestar con equidad.
• Autoestima
El gobierno Kirchner -un matrimonio y un pequeño entorno- se siente especialmente dotado para solucionar los grandes dramas de evolución del país cuando lo que dejan trascender no lo asegura. La autoestima del gobernante es necesaria frente al derrumbe institucional que significaría lo contrario. Pero hay un equilibrio. Si el gobernante no lo mantiene con cierta mínima modestia -que no signifique debilidad-la periferia de ese entorno traerá los desbordes que putrefactan al elenco. No se concibe que un gobernante de país endeudado se encolerice por los controles periódicos del organismo al que le debe plata. En este caso odio al Fondo Monetario, en cuya auditoría descansan el Banco Mundial, el BID, el Club de París y los acreedores privados ( bonistas).
• Afan de caja
En definitiva, pretender pedir, deber, reprogramar, atraer capitales de inversión sin mostrar internacionalmente nuestro interior de deudor contumaz -para colmo con tradición de mentiroso- suena pataleo infantil. Gobernar para seguir gobernando significa dilapidar fondos públicos con fines políticos. Significa extraer más y más ahorro del conjunto social porque el impuesto estatal a cada Coca-Cola o casi la mitad del precio de un auto lo pagan todos, ricos y pobres y le duele mucho más al pobre. Es encaminar el gasto al corto plazo. No al futuro del país ni a las generaciones que vendrán a las que abrumaremos con nuestras deudas refinanciadas.
Ese afán de «caja» para seguir gobernando se refleja en este trabajo de un grupo gremial (CTA) de los trabajadores menos productivos y más protegidos (los del sector público) y -es lo más sorprendente lo apuntala el gobierno con firmas o personajes cómplices por intereses, como encuestadora Equis y diario «Clarín». Se quiere crear clima antiempresa privada, con gruesos errores técnicos hasta concluir en falsedades sobre el Capital para saquearlo más y servir así a los fines políticos de este gobierno. No se les muestra la gran verdad: desde 2001 (devaluación) hasta aquí el mayor beneficiado del «rebote económico» fue el Estado que aumentó nada menos que en 6 puntos su participación en la torta productiva del país. ¿Qué significa? Que retrocedieron los trabajadores y las empresas. Aumentó el estatismo. No es bueno.
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