Entre humoradas y sarcasmos, Luiz Lula Da Silva aprovechó su última participación en una cumbre del Mercosur como el presidente brasileño para pasar factura a su ex par, Néstor Kirchner.
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Sin tapujos, Lula puso como ejemplo sus desavenencias previas con Kirchner para reivindicar los avances en materia de acuerdos registrados por los países del bloque. Y para hacerlo, escarbó en lo más profundo de la concepción K de la praxis política: la falta de diálogo y la tolerancia. No es casual que esos rasgos de la convivencia sean los jockey de los caballitos de batalla del frente anti-K para reclamar "consenso".
Lula le pasó una factura a Kirchner respecto de las primeras cumbres que compartieron como mandatarios entre 2003 y 2007. Mientras hablaba de la importancia del diálogo presidencial y de la tolerancia para resolver conflictos en la región.
"Al principio me enojaba porque Néstor no se quedaba a los segundos días en las cumbres. Llegaba y se iba rápido", dijo el ex dirigente sindicalista y tornero mecánico, sin reparar en que sus palabras son comidilla de pardos.
Con un gesto cómplice delante del patagónico, Lula celebró que el nuevo traje de delegado internacional haya promovido un cambio. "Ahora se tiene que quedar porque es secretario general de Unasur", dijo y sonrió.
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