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5 de octubre 2006 - 00:00

¿Ironía? Cristina contra subsidios

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Cristina de Kirchner trató ayer de acallar posibles cuestionamientos al gobierno en un seminario en la UBA y eligió desmarcarse de la administración de su esposo con una crítica a los subsidios que él concede y ella vota en el Congreso.
«Ojalá un día tengamos un registro de cuántos beneficios fiscales o promocionales en materia de servicios públicos reciben los empresarios de nuestro país. Nos encontraríamos con muchas sorpresas y veríamos que muchos de esos podrían ser usados en beneficio de los pobres.» Esta frase no la dijo un dirigente de la oposición al gobierno; le pertenece a Cristina de Kirchner, quien la empleó ayer con el pretexto de defender al mismo gobierno que dio y mantiene los subsidios a innumerables actividades empresariales.

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La senadora buscó, como suele hacer su marido en sus discursos, ubicarse en la posición más extrema, de manera de arrinconar a los críticos en la franja de lo indefendible. ¿Alguien podría entre los asistentes al seminario de ayer en la Facultad de Derecho defender los subsidios a empresarios? Esa defensa la hacen el gobierno y sus amigos, seguramente fuera de la luz pública, cuando se acuerdan esos beneficios a algún sector.

Según la primera dama, la gestión de Néstor Kirchner implica «romper» no sólo con la «subordinación económica», sino también con la «subordinación intelectual» que imperaba en la década del 90 con la preeminencia del llamado «consenso de Washington».

«Apartarnos del modelo que presuponía que nada se podía hacer y que cualquier cosa que se intentara iba a terminar en una tragedia o un fracaso, significa terminar con esquemas y modelos de subordinación intelectual», subrayó la senadora que, pese a hablar en un recinto académico, se sintió eximida de hablar con la necesaria precisión. Ninguno de los presentes había escuchado jamás hablar de un «modelo» que pudiera describirse por su función de asustar a alguien.

Fernández de Kirchner expresó esos conceptos al inaugurar el Coloquio Internacional sobre el Rol de la Sociedad Civil que continuará hoy en la Facultad de Derecho de la UBA.

«Porque no es solamente subordinación económica. Lo peor de todo es la subordinación de la cabeza de muchos de nuestros políticos al modelo económico-social», explicó. «El romper con eso significa el desafío de asumir la discusión, el debate, casi con el riesgo de desentonar con el pensamiento reinante, y decir que no se está de acuerdo y hacer algo diferente», dijo, y aseguró que esa nueva etapa se inició con el gobierno actual.

Fernández evaluó como un fruto de este cambio de rumbo, el descenso de la pobreza de «54 por ciento en mayo de 2003, a 30,1», según datos de la última medición. «Estos datos hablan de una gestión de gobierno. Que hay gobierno en términos de resultados que podemos exhibir, no para demostrar que teníamos razón, sino con la tranquilidad de haber acertado en el diagnóstico», agregó.

La senadora aceptó, sin embargo, que a pesar del crecimiento económico, persiste un «núcleo cristalizado de pobreza» al que es necesario abordar con «políticas diferenciales. El dilema es que el crecimiento económico no va a poder perforar mucho esos núcleos; por eso necesitamos políticas diferenciales de abordaje integral de esos núcleos que deben ser abordados también desde la salud y la educación», dijo.

Fernández aceptó que la aplicación de estas políticas diferenciales puede «no agradar demasiado» a los sectores medios de las grandes urbes, que quizá se deje llevar por algunos «prejuicios» y piense que hay «un aprovechamiento de esas políticas». Esa sensación, según Fernández, se ve acrecentada cuando reiteradamente «notas periodísticas» hablan de «cuántos bolsones» se han entregado.

Fernández tuvo a su cargo uno de los mensajes inaugurales del Coloquio, donde previamente ofrecieron sus palabras de salutación los ministros Carlos Tomada, Ginés González García y Daniel Filmus. Hizo lo propio, también, el resto de los integrantes de la mesa de oradores: el presidente de la AMIA, Luis Grinwald; el presidente del Coloquio, Bernardo Kliksberg, y el embajador español Carmelo Angulo Barturen.

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