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23 de septiembre 2004 - 00:00

Isabel de Macri copia la moda impuesta por Cristina

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No es comparable el rol de la senadora con el de Chiche Duhalde frente a su esposo Eduardo: éste no la incluye nunca en la «mesa chica» (hoy bastante renovada, por otra parte), aunque nadie niega que la voz de la mujer resuena más que cualquier otro barítono bonaerense en la cabezadel hoy embajador argentino en el Mercosur. Tampoco Karina Rabolini, por actividades empresarias, se integra en la «mesa chica» de Daniel Scioli, pero ella entra y sale como ninguna otra mujer de vicepresidente. Quien sí se involucra y decide en otra «mesa chica» es Isabel Menditeguy, la esposa de Mauricio Macri, quien sin visitar a la misma modista de Cristina de Kirchner ha copiado estilo y personalidad al menos en el frente interno.



Dama flamígera, de la política también, la Menditeguy inquieta al entorno y hasta persuade a su marido: se asegura que, algo escandalizada por las andanzas de éste con el duhaldismo bonaerense, parece que ya lo convenció de que renuncie a esa aventura (con lo cual satisfará a dirigentes macristas de Buenos Aires que, hace 48 horas, se aparecieron en la calle Chacabuco para increpar duramente a Burzaco y a Rodríguez Larreta por no arrancar a Macri de las tentaciones de Duhalde). Nadie piense que ella, por esa oposición al ortodoxo PJ, se derrite con los liberales; al contrario, cree que Ricardo López Murphy es «un talibán de los mercados». Lectura de universidad, claro.

Por lo visto, a Macri no le faltan consejos, casi como a Kirchner. Pero su propio mundo porteño -a pesar de estos sostenes intelectualeshoy está en problemas: como ocurre con otras fracciones políticas de la Legislatura (de Zamora a Bonasso), su agrupación está al borde del cisma. La próxima semana será clave: hay quienes se disponen a emigrar y piensan que el aumento oficialista de la planta de personal en 2.000 personas, convalidado por Macri, es parte de una negociación o repartija (se trata de unos 1.500 «enanitos verdes» o agentes ambientales y unos 500 ayudantes de portería, gente que muchos consideran los «ñoquis» de esta década o de la nueva política). No es la única queja: le atribuyen a Macri (quien, se afirma, se ocupa más de Boca que de política), Santiago de Estrada y Rodríguez Larreta el apartamiento de algunas votaciones clave -aceptar expropiaciones, por ejemplo-porque al atribulado candidato sólo le interesa la baja de impuestos, la reforma del código contravencional y el voto electrónico. Quizá se calmen estos disidentes si Macri, finalmente, acepta las sugerencias de su mujer Isabel y regresa a la Capital para reagrupar su tropa. Aunque esa decisión tal vez lo aleje del primer premio al que aspira en 2007 -la candidatura a Presidente-, y se resigne al más doméstico concurso de la Jefatura de Gobierno porteña.

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