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Un criterio similar se adoptó con el secuestro de Florencia Macri: habría expresiones de solidaridad de la familia, la SIDE se involucraría sin reservas en la resolución del caso pero nada de vincular al gobierno ni al candidato con el episodio. La orden de Duhalde fue por eso, ayer, terminante: «Lo único que hay que mostrar esta semana es el viaje del candidato a Brasilia, a verse con Lula. Nada más».
En la reticencia frente a las inundaciones santafesinas operó, además de la cautela proselitista, la turbulenta relación del duhaldismo con Carlos Reutemann. Ayer mismo, el diario «La Capital» de Rosario publicó las declaraciones de Hilda Chiche Duhalde diciendo que «a veces hay que jugarse», descalificando la prescindencia del gobernador en las elecciones del 27 de abril. «Un gobernador debe tomar posiciones, en cambio 'Lole' se quedó en una postura ni blanco ni negro, le faltó una actitud más firme. A veces hay que jugarse, nos vaya bien o mal», criticó.
No hace falta ser demasiado perspicaz para advertir que el duhaldismo le está pasando a Reutemann las facturas por el desencuentro permanente durante todo el proceso sucesorio. Duhalde apostó a Reutemann desde un comienzo y no encontró más que desaires. Hasta el mayor amigo de Kirchner dentro del gabinete, Juan Carlos Mazzón, le aclaró al gobernador de Santa Fe que su apoyo era condicional a que no apareciera Reutemann como candidato. Y una vez sellado el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional, el propio Duhalde volvió a insistir con la carta santafesina y recibió otra vez un «no». La foto de «Lole» con Menem, una semana antes de las elecciones, terminó de volcar al gobierno nacional hacia la enemistad.
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