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15 de abril 2004 - 00:00

Kirchner cree ver a Duhalde camuflado entre la oposición

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Hilda Chiche Duhalde
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Inquietante la premonición de Chiche Duhalde, convertida casi en una pitonisa bonaerense. Como si obedecieran sus palabras, los diputados de la oposición le hicieron a Fernández algunas preguntas incómodas sobre operaciones del Poder Ejecutivo que no resultan tan transparentes como se esperaba. Al parecer, Chiche está mejor informada que el propio Camaño, quien debería conocer algunos de esos interrogantes envenenados que le llegaron a Fernández desde las bancas opositoras. Es que algunos de ellos los formuló un amigo de él, el santafesino Alberto Natale, demócrata progresista inquieto por iniciativas ligadas al negocio del gas. El otro inquisidor fue Héctor Polino, quien le enrostró a Fernández una operación con final poco feliz en la concesión del negocio de la firma digital para la administración pública.



Aunque, debe concederse, esa pelea es tan enardecida que los diputados porteños debieron aclarar ayer en los corrillos que no eran, obviamente, los autores de los panfletos de baja calaña que se repartieron para agredir al huésped. Hay que pensarlo bien y corregir: acaso fue indispensable que el logorreico Fernández tendiera un cerco sanitario en torno a su compañero de gabinete y de maratones radiales que visitó la leonera del Congreso.

La premonición de Chiche Duhalde se produjo en el mismo contexto que generó precauciones en el Ejecutivo. Cuando ella hizo oír su reproche, Camaño estaba instruyendo al bloque peronista sobre la conducta que se esperaba del oficialismo durante la visita de su principal funcionario. «No hagamos preguntas, es un día especial, está regresando el Presidente a la Capital y el jefe de Gabinete tiene muchas preocupaciones», adoctrinaba el titular de la Cámara, hasta que la señora de Duhalde pidió la palabra, ofuscada: «Señor presidente, yo no necesito que me indiquen cuándo puedo hacer preguntas y cuándo no».

Es posible que los principales funcionarios del Ejecutivo, más allá de los llamados preventivos del ministro del Interior, se muevan con confianza en las aguas del PJ, donde no encuentran más que afecto y subordinación. Pero en el entramado del oficialismo existen también quienes, lo confesó ayer Miguel Bonasso, suponen la existencia de una conspiración permanente. Entre esos seguidores de Kirchner, que se cuentan también en el funcionariado de la Casa Rosada, quieren ver que debajo del agua se ha iniciado una especie de «tercerización» de la oposición por parte del peronismo orgánico, sobre todo del duhaldismo. Por esa razón, estos dirigentes suspicaces leyeron de la peor manera las palabras de Chiche: para ellos la mujer de Duhalde no sabía lo que iba a pasar porque se lo informaron sino porque, en alguna medida, lo produjo.



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