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15 de abril 2003 - 00:00

Kirchner ilusiona aún a algunos empresarios

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En el gesto de Lavagna parecen haber operado otras fuerzas, además de la presión del duhaldismo. La candidatura de Kirchner se constituye hoy bajo la advocación del grupo empresario que en los últimos años cobijó todos los empeños políticos contrarios a Carlos Menem. Se trata de la empresa de los Rocca, Techint, donde se acunaron las candidaturas de José Octavio Bordón, Chacho Alvarez y Graciela Fernández Meijide y hasta el delarruismo que llevó a Economía a José Luis Machinea y a Javier Tizado a Industria. En el duhaldismo temprano también dejaron sus impresiones digitales: Ignacio de Mendiguren fue su creatura, con megadevaluación incluida.



Paolo Rocca, el titular de este complejo industrial, confesó su preferencia por Kirchner el jueves por la noche, mientras comía con José Pampuro, el secretario general de la Presidencia y puntal principal de la candidatura del gobernador de Santa Cruz al lado de Duhalde. Se habló del apoyo de Lavagna, de las intervención del ministro en la campaña y del desvelo principal del industrial italiano: la interna despiadada y opaca que se libra dentro de la Unión Industrial Argentina, en la que se rompieron acuerdos históricos y Techint avala la lista presidida por Guillermo Gottelli. Se enfrentaron los Rocca de este modo con la actual conducción de Héctor Massuh y el contacto con el gobierno para apuntalar a Lavagna en su lanzamiento en favor de Kirchner se mezcló con estas otras preocupaciones. Desde Techint se pidió una gestión en Córdoba, delante de Roberto Urquía, para que Aceitera General Deheza soltara la mano del adversario, Alberto Alvarez Gaiani, impulsado por la industria alimenticia. José Manuel de la Sota debería encargarse, en el plan oficial, de persuadir a Urquía: difícil que lo logre, ya que en la aceitera se conocen algunas maniobras electorales ligadas a la candidatura de Gotelli que provocaron escándalo.

Sería injusto, y tal vez erróneo, ver en Kirchner un candidato de acero. Su postulación se sostiene también en otras materias. En Brasil todavía no se explican, por ejemplo, la pasión con que la senadora Cristina Fernández defendió en el Senado un proyecto ajeno, impulsado por legisladores norteños: la iniciativa que convierte en ley un decreto acordado con ese país por el cual se garantiza un régimen de protección especial para el azúcar. La polémica por estas barreras arancelarias viene de antaño pero las manos que tejen la urdimbre legal son siempre las mismas, las de Federico Nicholson de Ledesma y la de Jorge Zorreguieta, del Centro Azucarero Argentino. ¿Qué hilo pudo unir preocupaciones jujeñas con el ímpetu patagónico de la señora de Kirchner? Eduardo Fellner, el gobernador de Jujuy y candidato a ministro del Interior de «Lupín». Fell-ner tiene en Buenos Aires un socio privilegiado para las opera-ciones parlamentarias, sobre todo si entrañan intereses crematísticos: es Juan Carlos Mazzón, el encargado de la oficina del Presidente. ¿Hubo aportes de campa-ña de estos azucareros para la campaña del gobierno de tal manera que se imponga la ley de protección en el Senado aun contra el veto presidencial? Tal vez no haga falta recurrir a esto y baste imaginar una alianza político-empresarial que no haría más que reproducir en un eventual gobierno de Kirchner las horas iniciales de la gestión Duhalde, donde también este lobby dulzón tuvo su hora administrativa con Nicholson proyectado desde la UIA al Ministerio de Economía.

Falta un nombre para completar la lista de empresarios que descubrieron en la de Kirchner una «causa justa» y decidieron apoyarla. Se trata de un constructor, Sebastián Eskhenazi, venido luego a banquero e íntimo del candidato. El gobierno de Santa Cruz acaba de adjudicarle el banco provincial, a este hombre que incursionó ya en otros negocios. Entre ellos, el de la importación y exportación. Asociado a Jonas Barcellos, el dueño de los free shops brasileños, acaba de quedarse con Interbaires, en una operación en la que fue clave la participación de su abogado Elías Jassán. Para quienes no lo recuerdan, es aquel riojano influyente en la Justicia argentina y no necesariamente porque fuera ministro de Justicia («Rollo» Jassán debió dejó el cargo negando a su amigo Alfredo Yabrán una vez que en «Excalibur» saltó un centenar de comunicaciones con el empresario). Tal vez Eskhenazi termine por aproximar a Jassán con Kirchner.

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