Jorge Telerman ayer en un anuncio de obras junto a Néstor Kirchner tras decir
que enfrentará al kirchnerismo en la Capital Federal electoralmente y pelearse
con organizaciones de derechos humanos por desplazar a una funcionaria.
El Presidente aún no dice nada sobre estos gestos del jefe de Gobierno.
El tiempo dirá si las últimas jugadas de Jorge Telerman son una etapa hacia el éxito o un ascensor para el cadalso. Desde uno de los tres cargos más prominentes del Estado se animó hace 48 horas a anunciar que está dispuesto a enfrentar al todopoderoso kirchnerismo. Esos gestos se pagan o se cobran en alguna ventanilla. Ayer redobló la dureza y se colocó en medio de una vieja pelea entre los organismos de derechos humanos al desplazar a la secretaria Gabriela Alegre que había heredado de Aníbal Ibarra.
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Esta funcionaria mostró los dientes juntando un arco de asociaciones que harían temblar a cualquier dirigente encabezadas por Estela de Carlotto, presidenta de la asociación Abuelas de Plaza de Mayo. En defensa de Alegre -que denuncia una «cama» tendida por funcionarios de Telerman para sacarla del cargo-, Carlotto dijo que la responsable de todo es Gabriela Cerruti, una periodista devenida en funcionaria con quien se enfrentó cuando ambas orbitaban en la llamada Comisión de la Memoria de la provincia de Buenos Aires. Hoy es ministra de Derechos Humanos de la Capital Federal.
Sin pelos en la lengua, Carlotto dijo ayer en público que Cerruti malversaba fondos de esa comisión que funciona en la Legislatura de La Plata -no robaba, aclaró- desviándolos de la misión original, que era recopilar datos sobre las atrocidades cometidas en la represión clandestina de las guerrillas hace 30 años.
Los usaba, contó, para invitar a personalidades del extranjero y para editar una revista lujosa que salía cara, no estaba entre las finalidades de esa comisión y que dijo «parecía una empresa familiar». No explicó por qué. «Renuncié a ese cargo por esa persona que además -señaló- ustedes saben qué tipo de periodista ha sido.» Cerruti se desempeñó como periodista en el diario «Página/12» y siempre actuó bajo el padrinazgo de Horacio Verbitsky, a quien asistió como «ghost writer» en algunos de sus libros.
Su última aparición en el género fue cuando publicó una charla con el ex marino acusado como represor Alfredo Astiz que éste dijo había sido con compromiso de confidencialidad. Ese desliz de los dos protagonistas motivó una nueva detención de Astiz que se ha prolongado hasta ahora.
La pelea Cerruti-Carlotto llegó a la Justicia y tuvo consecuencias políticas. Cuando Felipe Solá decidió designar como secretario de Derechos Humanos de la provincia a Remo Carlotto en reemplazo de Leonardo Franco (éste había desautorizado una medida del gobernador que facilitaba los allanamientos en la represión del delito), los ataques de la pluma de Verbitsky se concentraron sobre el gobernador, a quien no sólo criticó dentro de los márgenes obvios del ejerciciodel periodismo, sino que lo mortificó con infidencias de su vida privada (lo llama Felipe «Solo» porque había tenido una crisis matrimonial, etc.).
Verbitsky -que además funciona como asesor del gobierno nacional, que lo consulta sobre designaciones de funcionarios y otras cuestiones más delicadas como perfiles de inteligencia para tomar algunas decisiones o revisar proyectos de códigos militares y reglamentaciones-tomó la defensa de Cerruti en la querella con Carlotto por el uso de fondos cuya presunta malversación recordó ayer la dirigente de Abuelas.
Inconveniencia
Carlotto reveló además ayer que cuando asumió Telerman el Gobierno porteño había tenido una entrevista con él, a quien le había advertido de la inconveniencia de designar a Cerruti en el cargo. «Si la nombrás -evocó ayer-, olvidate.» ¿De qué debía olvidarse Telerman? Del apoyo de las organizaciones de derechos humanos que ayer se sentaron junto a ella para criticar el desplazamiento de Alegre. Esta dijo que su despido es una maniobra que sólo se entiende como incidencia de la pelea de Telerman con Ibarra. «Me mantuve en el cargo --dijoporque me pidieron las organizaciones para seguir con las políticas del sector.» Lo ratificó Carlotto al decir que Ibarra fue «un jefe mal destituido».
Carlotto y Alegre dijeron que desde que asumió Cerruti se congelaron los fondos y las licitaciones para la instalación del Museo de la Memoria en la ESMA y otros emprendimientos de la secretaría. Ya hay, dijeron, un reclamo formal de los organismos radicado en la oficina de Telerman quejándose de eso y de que además el jefe de Gobierno no los recibe para entrevistas pedidas desde hace tiempo.
La pelea Telerman-Ibarra anima la política porteña desde hace una semana, cuando el Gobierno porteño denunció que operadores del destituido jefe de Gobierno habrían instigado la ocupación de viviendas en el Bajo Flores. Cerruti estuvo también en medio de esta pelea así como Juan Pablo Schiavi, uno de los miembros conspicuos de lo que el ibarrismo llama «grupo Destitución», que actuaron activamente desde el peronismo porteño para lograr su caída del cargo (lo integran Schiavi, Eduardo Valdés -oculto hoy en esta crisis-, Helio Rebot, Jorge Argüello y, claro, Telerman).
Ibarra está en la misma línea de fuego de las fobias de Verbitsky desde que éste lo acusó de autorizar obras en el predio de la Sociedad Rural en Palermo.
Cuando se discutió el juicio político por Cromañón, ese periodista recogió como ciertas las acusaciones hacia el ex jefe de Gobierno como presunto líder de una trama de corrupción entre dueños de boliches e inspectores municipales, algo que la Justicia no ha logrado demostrar aún. Que el ariete para desplazarla a Alegre haya sido el sector de padres de las víctimas de Cromañón ligado al «grupo Destitución» cierra el círculo de alianzas que muestran los dientes en la primera guerra política que libra Telerman desde que está en el cargo.
Néstor Kirchner es testigo mudo de estas audacias de Telerman. Se sabe que las puertas de su despacho no tienen cerrojos para Hebe de Bonafini, otra adversaria jurada de Carlotto, quien la acusa de haber convertido a la ONG Madres de Plaza de Mayo en una empresa comercial. Bonafini tiene posición tomada: fue una de las primeras huéspedes que recibió Telerman a poco de asumir como jefe de Gobierno porteño. No se sabe, claro, cuánto tiempo tolerará el Presidente esta campaña en la cual este otro visitante de la Casa de Gobierno que es Telerman enfrenta a un personaje como Carlotto, con quien Kirchner lo último que querría sería pelearse.
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