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24 de febrero 2003 - 00:00

Kirchner, con Scioli, otro paso más lejos de Duhalde

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Detectar hasta dónde se extiende esta prescindencia, que el propio mandatario adelantaba ayer a uno de sus ministros desde la costa, será decisivo para ponderar las perspectivas del gobernador de Santa Cruz. Como sucede con toda opción, el candidato capitaliza en algunos aspectos de la decisión y se priva de otros beneficios. En efecto, Scioli es un personaje relativamente nuevo en la política y para muchos votantes todavía sigue figurando en la nomenclatura deportiva. Hasta su cargo en el gabinete lo refiere a ese campo. Además, quien será casi seguro el vice de Kirchner es un moderado que no abrirá frentes de conflicto con otras fracciones, ni siquiera con el ex presidente. Ese pacifismo le permitió pasar a Scioli desde la militancia menemista a la postulación para integrar el gabinete de Fernando de la Rúa, la alianza porteña con Domingo Cavallo, el Ministerio de Deportes de Adolfo Rodríguez Saá y la función actual en la misma cartera, todo bajo la inofensiva consigna de «lo mío es trabajo, trabajo y trabajo». El santacruceño busca en él la figura ideal para tender un puente a los votantes que gustan de Menem y, al mismo tiempo, emanciparse de un conflicto automático e irreconciliable como el que el ex presidente mantiene con Duhalde.

Hay otros méritos que Kirchner detectó en Scioli. Uno de ellos es la confianza que le tiene su mujer, la senadora Cristina Fernández. Ella y Scioli se conocieron ampliamente en el Congreso, donde además de compartir la bancada peronista de diputados jugaron un partido similar en momentos de estrés, como integrantes de la Comisión Investigadora sobre Lavado de Dinero que encabezaba Elisa Carrió.

Finalmente, otra condición de Scioli se ha vuelto virtud en el juego actual de la política y es la más importante: no es bonaerense. Como Menem, igual que Adolfo Rodríguez Saá, Ricardo López Murphy o Elisa Carrió, tampoco Kirchner quiso contaminarse con la disputa interna de ese sector del peronismo. Tal vez decidió tomar distancia al enterarse de que Duhalde, ante cada interlocutor que objeta la candidatura patagónica, profetiza: «No importa, en seis meses volvemos nosotros». Desde diciembre de 2001 el PJ bonaerense se ganó fama de prepotente, mazorquero y Kirchner sabe que darle la vicepresidencia es tentar demasiado a esa gente. Además, tanta insistencia del Presidente con Roberto Lavagna lo hizo sospechar. Después de todo, también para Kirchner Scioli es todavía un motonauta, alguien incapaz de servir de estandarte a un golpe que lo lleve a la presidencia.



¿Habrá inaugurado Duhalde esta tendencia, con su frase «con Scioli no voy a hablar»?

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