ver más

Ya superaste el límite de notas leídas.

Registrate gratis para seguir leyendo

1 de septiembre 2006 - 00:00

Kirchner siguió desde el balcón una Plaza con aire opositor

ver más
Bajo la consigna ‘‘Por justicia, por las víctimas, por la vida’’, la masiva convocatoria de Blumberg se convirtió, aun a pesar del ingeniero, en una tribuna opositora.
El deseo de Néstor Kirchner de saludar a una plaza repleta, que lo venere, se cumplió el 25 de mayo. Noventa días después de aquella «plaza del sí», Juan Carlos Blumberg fabricó ayer la otra versión: en la misma plaza, otras voces abuchearon al Presidente y a sus funcionarios.

El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.

Masiva y espontánea -al menos respecto al aparato del PJ y los piqueteros que poblaron el acto del 25-, la multitud que se concentró frente a la Casa Rosada, en las narices del Presidente, protagonizó incluso a pesar del propio Blumberg, una «plaza del no».

Desecha la tregua por la que Blumberg excluía a Kirchner de sus mansalvas, la marcha de ayer mostró sin velos que más allá de lo que quiso y dijo el ingeniero, la movilización pareció una tribuna opositora. Y, quizá a destiempo, Blumberg funcionó como candidato.

Tentado por Mauricio Macri a competir en Buenos Aires, el ingeniero jamás dijo no pero pidió tiempo hasta que finalice el juicio por el crimen de su hijo Axel. El gobierno lo golpeó en ese flanco; los que marcharon ayer, sin embargo, lo aplaudieron por eso.

Como nunca antes, en ninguna de sus cuatro marchas previas, Blumberg se movió ayer con ademanes de candidato pero, sobre todo, la multitud que se concentró bajo su convocatoria lo instaló en ese lugar. Y, claro está, como un referente opositor a Kirchner.

Hizo un simulacro de encarar hacia la Casa Rosada a entregar el petitorio cuando sabía que las vallas le impedirían llegar. Luego, en su discurso, hizo el reproche. Citó una y otra vez a Kirchner consciente de que mencionarlo era someterlo a los silbidos y el abucheo.

El Presidente trató de ignorar la marcha con un acto junto a radicales K. Fracasó. Igual permaneció en la Casa Rosada hasta las 22, mientras la Plaza estallaba en quejas y reproches en su contra. Ordenó, eso sí, que nadie atienda ni reciba a Blumberg.

  • Castigados

    También Aníbal y Alberto Fernández recibieron el castigo público -más allá de que pidió que no silben-. Con sólo atenderle el teléfono, algo que no hicieron los dos Fernández, Daniel Scioli se salvó del repudio. Jorge Telerman pasó inadvertido.

    Blumberg reservó un anexo especial para Felipe Solá. Al gobernador, que alienta la aventura de un tercer mandato en 2007, por lo que quizá podría convertirse en su rival electoral el año próximo, le imputó justamente sólo «preocuparse por su reelección».

    Pudo, incluso, el ingeniero prescindir de políticos clásicos.No tuvo que mostrar a Mauricio Macri o Ricardo López Murphy en el palco para sumar un solo adherente.

    Kirchner hizo lo demás: el arsenal que el gobierno destinó a suspender, embarrar y vaciar la convocatoria, detonó negativamente. El cóctel D'Elía, contramarcha, lluvia de pestes contra Blumberg, terminó siendo el condimento más efectivo para potenciar la movilización.

    De ese modo, Kirchner contribuyó a vestir la movilización de Blumberg en un polo disidente y crítico, que llevó al extremo el rabino Sergio Bergman. Ese fue uno de los propósitos que persiguió Luis D'Elía, en teoría con mandato de Kirchner: segmentar la marcha.

    ¿Fue un error inmenso o una maniobra magistral? Al dividir la calle entre un tumulto oficial en el Obelisco -que ni siquiera reunió a los diferentes clanes del kirchnerismoy el acto de Blumberg, Kirchner arrastró la pulseada al peligroso terreno de la fractura ideológica.
  • Últimas noticias

    Dejá tu comentario

    Te puede interesar

    Otras noticias