En los 90, Carlos Menem tenía un coro de defensores a ultranza que, sea cual fuere el asunto en discusión, cada día estaban al alcance de los medios para defender las iniciativas oficiales. En ese club militaban, entre muchos otros, Eduardo Amadeo y Alberto Piotti.
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Se los conocía, por entonces, como el «grupo Rating». A esa tarea se abocó luego, como ministro del Interior, Carlos Corach, con sus incursiones matutinas en la puerta de su casa: un clásico del menemismo.
Esa función tenían Luis D'Elía -hastala semana pasada- y, en otro rango, el diputado Carlos Kunkel. Ambos jugaban de memoria y funcionaban, o querían funcionar, como «lo que Kirchner piensapero no puede decir».
A excepción de Alberto y Aníbal Fernández, voceros relativamente oficiales, Néstor Kirchner carece de coreutas que se acoplen a sus palabras. Pero de a poco comienza a conformarse un grupo que emula a aquel colectivo menemista que defendía todas las medidas de su jefe.
Reacción
Ayer, un rato después de que el Presidente lanzara su diatriba contra el Banco Mundial y Uruguay por el conflicto de las papeleras de Fray Bentos, una colección de dirigentes del kirchnerismo reaccionó como movida por la misma mano para defender la postura de Kirchner.
Felipe Solá, el jefe del bloque de senadores Miguel Pichetto, el titular de la ANSeS Sergio Massa y el jefe de la FAM, Julio Pereyra -además de los intendentes Alberto Descalzo y Juan José Mussi, entre otros- corrieron a los micrófonos para respaldar la posición de Kirchner en el tema papeleras.
Ese ejercicio nunca fue usado por el patagónico. ¿Qué pasó? ¿Ahora necesita que desde su sector se salga a respaldar su mensaje? ¿Fue para contrarrestar el ataque de la oposición? De todo un poco: lo cierto es que, menos orgánico que aquel de Menem, Kirchner empieza a tener su «grupo Rating».
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