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25 de abril 2007 - 00:00

Kirchnerismo le mostró a Scioli lo poco que tiene

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Ríen Julio De Vido, Daniel Scioli y Carlos Zannini en acto ayer en Parque Norte. Debe ser al contemplar los rostros de algunos asistentes, como Pocho La Pantera, Antonio Cafiero, Alberto Samid y José Ignacio de Mendiguren.(Arriba) El diputado porteño y principal lugarteniente de Daniel Scioli, pone orden en la mesa, rodeado del subsecretario de Provincias, el parrillista Rafael Follonier y el diputado santacruceño Olaf "Pilo" Asset, armador de kirchnerismo adonde lo manden. (Abajo)
No sin nostalgia por aquella cumbre que, con espíritu camporista, Néstor Kirchner auspició el 11 de marzo de 2004, en la que marcó la primera distancia con Eduardo Duhalde, el kirchnerismo -con pocos vestigios «pejotistas»- regresó ayer al show electoral.

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La excusa fue «aportar» proyectos y equipos para una potencial gestión de Daniel Scioli en la provincia de Buenos Aires. El kirchnerismo puro, aquel que tiene núcleo y ADN pingüino, volvió a escena en Parque Norte de la mano de otro regresado: Carlos Zannini.

En aquel acto, oportunamente convocado para recordar la elección que en 1973 ganó Héctor Cámpora, el espacio K debutó como entidad ajena al duhaldismo o al menos con pretensiones de autonomía. Ahora, sin ruidos mayores en el frente interno, el duelo es frontal con la oposición.

Ese fue el libreto que dictó Zannini como hoja de ruta: «No puede ser que la oposición apueste al fracaso de un gobierno», se quejó el ordenador de Compromiso K (CK). «Deberían -agregó el secretario de Legal y Técnica- estar contentos cuando al país le va bien.»

Es una clave para decodificar. Zannini, «Chino» no sólo por sus ojos como ranuras, sino también por su formación maoísta en Vanguardia Comunista, no es un hombre de trinchera, sino que en el elenco oficial es quien aporta la mirada global, por encima de la coyuntura.

  • Ironía

    Casi diez minutos consumió Zannini en el capítulo oposición y, fiel a la postura oficial, llamó a tener a « Scioli en la provincia y a Filmus en la Ciudad».

    Scioli recogió el guante del planteo de Zannini y se permitió una ironía en otras épocas insospechada. «Cuando los dirigentes de la oposición empiezan a ver luz al final del túnel van y compran más túnel», dijo el vicepresidente y candidato a gobernador.

    El otro dato lo aportó Julio De Vido, recién llegado de Australia, quien pasó por el escenario para «garantizar» -una vez más- que no hay crisis eléctrica. Luego, al igual que Scioli, repitió el salmo sobre la trascendencia de promover la producción.

    El vice fue quien facturó todo el despliegue del acto que ofreció una postal de lo que reúne, bajo un mismo paraguas multicolor, Scioli en la provincia: estaban desde Hugo Curto y Antonio Cafiero hasta el bailantero Pocho La Pantera, y desde Alberto Samid hasta Luis Gerez.

    Ese mix respaldó, por intermedio de Olaf «Pilo» Asset, uno de los organizadores de la ronda, la candidatura de Scioli. «Venimos apoyando las ideas del presidente Néstor Kirchner y lo mejor que hay en Buenos Aires para sostener este proyecto es Daniel Scioli», dijo.

    Menos ímpetu, más allá de las palabras de Zannini, hubo sobre el caso porteño, que el kirchnerismo ve con ojos de espanto. Así y todo, Juan Carlos Dante Gullo andaba por las mesas convocando a dirigentes para que hoy participen de un encuentro donde más de 30 gremios respaldarán a Filmus.

    No faltó, tampoco, una cuota de secretismo. La reunión sobre producción, que coordinó el secretario de Industria de la Nación, Miguel Peirano, y de la que participó, entre otros, José Ignacio de Mendiguren, estuvo expresamente cerrada al periodismo.

    ¿Hubo en esa charla fórmulas y números ultrarreservados? Otro misterio del planeta K que no pudo revelar Aldo San Pedro por más que buscó el auxilio de José «Pepe» Salvini, Marcelo Fuentes y Gabriel Mariotto, subsecretario de Medios de la Nación.

    El operador sciolista Alberto Pérez compartió, en la apertura, palco con Asset y el viceministro del Interior, Rafael Follonier, dos de los espadones de Compromiso K. A esa hora, la concurrencia no superaba las mil personas; al cierre, con la lupa de la organización, había 3.000.

    No hubo una sola palabra pública, ni un cartel, ni un cántico para promocionar la supuesta postulación de Cristina Fernández como presidenta. El jefe, claro está, «es Néstor».
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