Todo indica que la española ENCE está hoy más decidida a dejar definitivamente Uruguay que a elegir seriamente una nueva ubicación para su planta. Ayer comenzó a circular en la Argentina la noticia de que la pastera analizaba la posibilidad de instalarse en Nueva Palmira, en el departamento de Colonia. Un chequeo mínimo de las condiciones de la zona y su proximidad con la Argentina arroja que el proyecto es allí políticamente mucho más inviable aún que en Gualeguaychú.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Pareció otro globo de ensayo de ENCE -los anteriores indicaron como locaciones posibles a Paysandú o el departamento de Soriano- destinado a convencer al mercado español de la solidez de sus inversiones en Uruguay. Ningún directivo de la empresa está dispuesto por ahora a reconocer ante los accionistas la pérdida por las inversiones hundidas que dejarán en Uruguay cuando se retiren, con la caída de las acciones en Madrid que eso significará. Por eso es mejor alargar el proceso, inclusive intentando deshacerse de algunos activos como el puerto en la zona de Fray Bentos, que ya está operativo. La consigna sería: achicar la empresa y mantener alto el precio de las acciones para poder vender.
Una pregunta queda flotando ante este horizonte: ¿por qué querría ENCE retirarse de Uruguay cuando puede modificar la ubicación de su planta y continuar la operación allí? Hay tres argumentos que ayudan a responderla: la situación financiera de la empresa en España no es hoy suficientemente sólida como para encarar la construcción de la planta; la relación entre ENCE y Montevideo se ha deteriorado a niveles casi irreparables y la dependencia del gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero es hoy mucho mayor que hace unos años, lo que pone a la Argentina en una mejor posición para presionar a la compañía.
La ENCE que anunció el retiro de su planta de Fray Bentos es una empresa muy distinta de la que comenzó sus inversiones en Uruguay hace años y que obtuvo el permiso para instalar allí su primera planta de procesamiento de celulosa en Latinoamérica.
El cambio de control accionario que se dio el 12 de abril de este año, cuando asumió el vasco Juan Luis Arregui la presidencia de ENCE, fue mucho más importante que lo evaluado en ese momento. Arregui desplazó de su cargo a José Luis Méndez, primer ejecutivo de Caixa Galicia. Méndez había llegado a ENCE cuando el gobierno privatizó la empresa. Poco después también fue removido de su cargo el vicepresidente y consejero delegado, Juan Villena Ruiz-Clavijo.
Méndez y Villena fueron los principales impulsores de la operación en Uruguay, defendieron la ubicación de la planta en Fray Bentos y desarrollaron las plantaciones, los aserraderos, la maderera y el puerto que los españoles construyeron allí.
Dependencia
Arregui llegó para revisar todo el plan de inversión en Uruguay y redimensionar la empresa en España. De ahí que desde su primer viaje a Montevideo la operación uruguaya de ENCE comenzó a ponerse en duda. Poco después, casi todos los integrantes de la anterior administración dejaban sus puestos.
Hoy ENCE es, política y económicamente, más dependiente del gobierno español. Sus problemas de financiamiento no le permiten alejarse demasiado del socialismo y esa brecha fue ampliamente utilizada por el gobierno de Néstor Kirchner para negociar.
Pero no fue la única herramienta. Si hoy Tabaré Vázquez se siente defraudado por los españoles, después de haberse arriesgado a un conflicto con el país más cercano a Uruguay en todo sentido, es porque comprobó que en medio del conflicto, ENCE negoció el anuncio de su retiro de Fray Bentos con representantes del gobierno de Kirchner sin que Montevideo tuviera la más mínima idea. El mismo resentimiento tiene el intendente de Río Negro -departamento al que pertenece el área donde se ubican los terrenos de ambas pasteras, ENCE y la finlandesa- por haberse enterado por los noticieros de la cancelación de la planta en su municipio.
Esa decisión se había negociado en Madrid y Tabaré Vázquez ya lo sabía cuando en setiembre Arregui lo visitó para comunicarle la suspensión en la construcción. Fue al mismo tiempo que se anunció la reducción de personal y el achicamiento de la empresa.
Las conversaciones habían comenzado en medio de la visita oficial de Néstor Kirchner a España. Allí se reunieron dos conocidos: el jefe de Gabinete, Alberto Fernández, y Arregui, quien años atrás había estado interesado en la Argentina y mantenido contactos con Domingo Cavallo. La crisis con los ambientalistas en Gualeguaychú se cruzó en esas conversaciones con los problemas financieros de ENCE.
Semanas después estaba decidido que una de las dos empresas que mantenían en vilo a la Argentina por la celulosa estaba fuera de combate. Y la confirmación de esas sospechas la tuvo Tabaré cuando escuchó declaraciones de Alberto Fernández desde Nueva York -también de viaje con Kirchner- el día en que ENCE hizo el anuncio: «Lo sabíamos desde hace dos meses», dijo el jefe de Gabinete. Algo quedó claro: esa negociación fue todo un éxito a pesar de los rencores que generaron en Montevideo.
Hay elementos de sobra para afirmar que la instalación de la planta en la zona de Nueva Palmira es sólo una operación de la propia empresa. El impacto allí sería mucho mayor que en Gualeguaychú. Es la zona más cercana a la Argentina, donde el río se angosta más, a tal punto que se lo pensó como posible cabecera del puente que cruzaría desde Buenos Aires, proyecto ahora congelado.
Nueva Palmira está sobre la conjunción del Uruguay, el Paraná y el Río de la Plata, justo enfrente del nacimiento del Delta, la mayor reserva ecológica de la zona. Y a pesar de contar con un puerto de aguas profundas, es el comienzo de la zona turística más importante de Uruguay sobre el río. Esta próxima a Carmelo, a su hotel 5 estrellas con spa, al norte de Colonia y mucho más cerca de la propia Ciudad de Buenos Aires. Si en Gualeguaychú existen 280.000 habitantes protestando, aquí serían 2,9 millones de porteños más otros tantos bonaerenses declarando la guerra. Imposible de pensar.
Dejá tu comentario