Como si Misiones fuese otro país y la elección del domingo le resultase inicua, Néstor Kirchner extendió ayer el mutismo en torno a la derrota que castigó a su socio, el gobernador Carlos Rovira, pero que alcanza con su efecto negativo al gobierno nacional.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Tras demorar su regreso a Buenos Aires, que estaba previstopara el lunes, Kirchner volvió ayer por la tarde a la Casa Rosada para encabezar un acto de anuncio de obras para La Matanza. Se esperaba alguna referencia sobre Misiones, pero no dijo una sola palabra.
Fue un trámite breve en el que Kirchner habló unos minutos, y la única mención, indirecta, fue recordar la crisis de 2001 y el papel de Alianza, para mencionar que «aquéllos, que todos conocemos, hoy siguen hablando». Pudo ser una mención, lateral, a Ramón Puerta.
Más genérico, luego reiteró su rap sobre que la prioridad del gobierno «administrar, gobernar y solucionar problemas» de la sociedad.
Afectado por una gripe, que agravó el vuelo en avión -por la presurización-, luego de esas palabras, Kirchner se lanzó como acostumbra a saludar a los invitados. A su lado estuvieron el gobernador Felipe Solá, el matancero Alberto Balestrini y el ministro Aníbal Fernández. Luego del acto, se reunió con un grupo de colaboradores.
Todo el día se esperó, con expectativa, la aparición del Presidente. La elección de Misiones, donde el No se impuso por 13 puntos sobre el Sí que impulsaba el kirchnerista Rovira, es el primer turno de la secuencia previa a la presidencial de octubre. Kirchner creyó, en todo momento, que, aunque compleja, la elección le sería favorable. Es más: este diario relató el lunes cómo el Presidente recién se enteró a las 21 de que la elección estaba perdida de manera irreversible y por escándalo.
La reacción previsible, en un gobierno que no supo cómo reaccionar ante el golpe, fue encerrarse en el silencio y repetir la fórmula obvia: en Misiones perdió Rovira, no Kirchner, porque se trató de «una elección estrictamente local».
Nadie, sin embargo, salió públicamente a despegarse de Rovira. En rigor, nadie habló. Los usuales voceros del gobierno se llamaron a silencio. El jefe de Gabinete, Alberto Fernández, evitó, expresamente incluso, hacer referencia a la elección de Misiones. En La Rioja, Fernández fue interrogado sobre esa votación y se excusó de responder. «De eso ya habló la gente. Yo estoy acá en La Rioja y hablaré sobre La Rioja», encontró un atajo el jefe de Gabinete para no tener que embarrarse en una explicación de lo inexplicable.
Otros, sin embargo, se atrevieron a seguir de memoria la lógica kirchnerista y buscaron minimizar el impacto de la derrota del No en Misiones. «Las expresiones populares nunca son derrotas, sino triunfos», dijo Carlos Kunkel, un romántico aun en la mala hora. «Durante años, los liberales han tenido expresiones que han distorsionado este proceso democrático que son las elecciones. Toda expresión de la democracia no es una derrota, sino un triunfo», sentenció Kunkel.
«Más allá de las campañas mediáticas, la gente no se deja engañar, y la realidad pasa por otro lado», sembró Kunkel la típica imputación a los mensajeros.
Dejá tu comentario