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20 de mayo 2008 - 00:00

La UCR bonaerense simula normalización para armar listas

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Ricardo Alfonsín
El radicalismo se lanzará finalmente, aunque no para todos los cargos por definir, a una interna en la provincia de Buenos Aires. El anuncio inicial de una ruptura entre los grupos que siguen a Federico Storani, Leopoldo Moreau y Ricardo Alfonsín quedó ayer descartado después de que los tres sellaran una lista de unidad para competir en la elección de los delegados al comité nacional -donde llevan de candidato a Miguel Bazze- al comité provincial y a la convención nacional.

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Pero deberán competir en el resto de las candidaturas a cargos locales y a la convención provincial del partido con el marplatense Jesús Porrúa, actual presidente del bloque de senadores bonaerenses de la UCR.

La discusión no es menor si se tiene en cuenta que el radicalismo en la provincia de Buenos Aires sacó en las últimas elecciones 6,21% de los votos, tras la salida de Margarita Stolbizer del partido. Pero es aún más importante si se tienen en cuenta dos definiciones que dependen de esa interna provincial: en primer lugar, la convención del radicalismo bonaerense es la que debe definir el marco de alianzas que armará el partido para pelear la elección legislativa del próximo año.

De ahí que si Porrúa consigue una representación fuerte en ese cuerpo, habrá más chances de abrir la negociación a otros sectores como los «margaritos», que nunca se sentarían a dialogar con Storani o con Moreau.

  • Situación crucial

  • Pero, además, la situación del radicalismo bonaerense es crucial para el futuro del partido. No es un secreto que en el comité nacional se reconoce que «no hay UCR en el país si no existe radicalismo en la provincia de Buenos Aires». Esto no es sólo un reflejo de la realidad del distrito más poderoso del país, sino una exigencia de otros dirigentes, como el cordobés Mario Negri, que no quieren embarcarse en otra elección sin posibilidades de éxito. Por lo tanto, si no se afianza el frente bonaerense, podrían aparecer más alianzas con Elisa Carrió.

    La posibilidad de una interna entre el hijo del ex presidente y el grupo Moreau Storani (los más resistidos por ser culpables de las últimas debacles electorales en el distrito y por haber expulsado a Stolbizer de la estructura partidaria) parecieron ciertas la semana pasada.

    De hecho, los propios dirigentes de ese sector comunicaron que si bien hasta el jueves había plazo para un acuerdo para componer «en unidad el futuro de esta conflictiva provincia, cuesta trabajo imaginar una elección donde figuras como Leopoldo Moreau y Federico Storani quieran quedar al margen».

    Incluso los seguidores de Ricardo Alfonsín estaban convencidos de que Moreau y Storani estaban dispuestos a confrontar con la conducción del jujeño Gerardo Morales. Pero anoche parecía que esos fantasmas desaparecían y los dos sectores se encaminaban a inscribir las listas en unidad, dejando sólo la competencia con Porrúa para los cargos menores.

    Mientras tanto, ayer en el radicalismo seguían festejando el triunfo del radical K Marcelo Gascón en Bariloche, donde el domingo derrotó al kirchnerista Darío Barriga en los comicios por la intendencia de esa ciudad. A pesar de que Gascón mantiene relaciones cercanas con la UCR K -de hecho, Julio Cobos y Miguel Saiz lo llamaron para felicitarlo-, el resultado era reivindicado ayer por todo el comité nacional partidario: «Barriga fue a la elección con el auspicio kirchnerista de Miguel Pichetto y Gascón con el apoyo del Partido Provincial Rionegrino, Concertación Bariloche y la Unión Cívica Radical intervenida de Río Negro». Fue otra muestra de los realineamientos que se están viendo en los últimos tiempos donde algunos radicales K empiezan a relativizar su posición.

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