La crisis del radicalismo en la Capital Federal desnudó un dato preocupante sobre la fiscalización en la ciudad y también el resto del país. La desmovilización que vive la UCR en el distrito es hoy casi total. Los seguidores de Roberto Lavagna quedaron aquí repartidos en tres listas, una de las cuales corresponde al radicalismo, lo que no garantiza que vuelvan a tener representación en el distrito, algo que perdieron hace años.
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Pero inclusive la performance de la UCR en la última elección interna para cargos legislativos demostró que fiscalizar todas las mesas en la Capital es hoy un imposible, algo curioso cuando ese partido y el peronismo se caracterizaron siempre por ser los únicos que reunían ese poder de fuego electoral.
Para controlar las mesas en la elección del 28 de octubre, los partidos necesitarán en la Ciudad al menos 6.200 fiscales. Eso sin contar otros 600 ficales generales para controlar las escuelas y los reemplazos que puedan necesitarse durante el día.
Si se recuerda que en la interna de este año votaron 15.000 radicales, la cifra implicaríaque 40% de los votantesdeberían registrarse como fiscales. Sólo ese dato demuestra que la UCR no podrá ni acercarse a cubrir los puestos.
Problema extendido
El problema, en realidad, no es sólo del radicalismo, que a pesar de todo tiene más gimnasia por haber sido el único que hizo internas para elegir a sus candidatos a senadores y diputados. Ante la apatía general frente a las elecciones y la falta de espíritu militante, tampoco les será fácil a Elisa Carrió o Mauricio Macri conseguir ese número de fiscales.
«Sólo quien pueda pagar un sueldo tendrá cubiertas las mesas», definen con amargura en la UCR y denuncian que sólo el Frente para la Victoria está en condiciones no sólo de hacerlo, sino de superar el salario de $ 100 por ese día que cobrará cada autoridad de mesa de la Cámara Electoral.
Además, existen otros costos extra. Por ejemplo, los partidos deben garantizarle a sus fiscales la vianda y bebidas para todo el día de comicios para mantenerlos cómodos y alimentados y evitar que se levanten de sus puestos. La crisis desnuda otra realidad: en las próximas elecciones, se denuncie o no algún negocio particular sobre el tema, el gobierno deberá buscar otros medios de fiscalización, como el voto electrónico, para poder garantizar en el futuro que las 80 mil mesas de votación en todo el país tengan cobertura de todos los partidos, muchos de los cuales se presentaron a homologar listas pero no podrán garantizar la fiscalización y, por lo tanto, el resultado electoral.
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