Un fenómeno inusual afecta al kirchnerismo: como un virus se reproducen las peleas, los desplantes y los cruces violentos entre miembros de, supuestamente, un mismo equipo. Si siempre hubo sórdidas batallas en torno a los Kirchner, ahora la diferencia es que estallan, se reproducen y se potencian sin que nadie, ni la Presidente ni el ex, intervengan para evitar, o al menos para acallar, esas ruidosas disputas. Ocurre con los gobernadores quejosos y, sobre todo, con la embestida de Mario Das Neves sobre Alberto Fernández, suceso que arrastra una curiosa singularidad: el chubutense no ha sido, al menos por ahora, reprendido por el ex presidente, lo que anima la teoría de los antialbertistas de que Kirchner, si no consciente, al menos permite el ataque al jefe de Gabinete.
Montado en las horas de radio y TV que le regaló -¿sin costo?- su avanzada contra Alberto Fernández, Mario Das Neves, el gobernador de Chubut que pidió la renuncia del jefe de Gabinete, se jacta por estas horas de no haber sido reprendido por Néstor Kirchner.
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Esa celebración íntima del chubutenseno sería insólita si no hubiese sido durante la presidencia del patagónico una práctica habitual que cada palabra fuera de lugar tuviese, de inmediato, algún tipo de sanción: el grito o el silencio; llamar para retar o no atender el teléfono.
La ausencia, según los mensajes encriptados que llegan desde Puerto Madryn, de un malestar expreso del ex presidente por las parrafadas de Das Neves induce a esos sureños a suponer que, a su modo, Kirchner comparte las quejas expresadas por el gobernador.
«Néstor está enojado con Alberto porque expandió demasiado su poder, no da abasto y se equivoca, como ocurrió con el tema del campo», teorizan los entornistas del mandatario de Chubut mientras dicen ser la voz cantante de un coro silencioso que piensa como Das Neves, pero prefiere callar.
«Demasiado protagonismo: debería aprender de Julio (De Vido), que opera, pero no se expone», recomiendan los chubutenses, quizá buscando al ministro de Infraestructura como un aliado obvio en el elenco oficial.
La hipótesis según la cual el ex presidente comenzó a dudar de la capacidad operativa del jefe de Gabinete parecechocar, a poco de andar, con un dato sólido: Fernández es, desde 2000, el principal operador político y el asesor de más confianza del santacruceño.
Sumisión
«Yo soy Kirchner», ha dicho Fernández, no como un gesto de dominio, sino como una señal de sumisión. Por eso, en gobierno hablan de que el ataque al jefe de Gabinete no es otra cosa que una avanzada de Das Neves orientada a reposicionarse en el mapa nacional.
Alguien, en los pasillos, recordó que Das Neves no tiene reelección en 2011 y que debe comenzar a cincelar un plan para el día después de que termine su mandato como gobernador. Otros, como Carlos Kunkel, lo acusan de jugar para el «lobby sojero».
«Que Kunkel venga a Chubut a ver si encuentra una maceta con soja», lo cruzan, con ironía, desde la estepa.
A modo de buscapié, los memoriosos se zambullen en la historia reciente para encontrar un indicio que explique la reacción estentórea de Das Neves o sirva como excusa para atribuir a hechos pasados, y no presentes, la expresa malquerencia del chubutense contra Fernández.
Circulan datos envenenados: uno de ellos trata de entender el enojo de Das Neves con el jefe de Gabinete porque fue éste, en 2003, quien lo anotició de que tenía que abandonar las oficinas de la Aduana, cargo al que llegó durante el interinato de Eduardo Duhalde.
Encima, se relata, Fernández fue apenas el portavoz de una decisión que habría tomado Kirchner por pedido expreso de Alberto Abad, jefe de la AFIP, y Roberto Lavagna, por entonces ministro de Economía, que tendrían quejas sobre el desempeño del chubutense.
El otro asunto al que refieren las lenguas envenenadas trata del sensible asunto de las zonas de exploración petrolera en Chubut, otorgadas en los últimos años durante el gobierno de Das Neves.
No se trata de un reproche genérico -aunque los hay-, sino de que el gobernador haya autorizado (¿podría haber hecho otra cosa?) el ingreso en el mercado petrolero de su provincia de la compañía Andes Energía, del grupo Vila-Manzano.
Cuando eso estaba en gestación, se relata en sordina, Fernández le habría recomendado a Das Neves una cautela que, en teoría, luego no tuvo.
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