«Esta es la mesa donde se pagaron los sobornos», dijo Néstor Kirchner ante las cámaras de un programa cómico de TV, señalando la mesa de reuniones de su despacho. Fernando de la Rúa lo querelló por la broma, que entendió como un modo de condicionar a la Justicia. Fue hace más de un año. Pero la superficie del marketing ocultó ayer ese entredicho: Cristina Kirchner recibió, a pocos metros de aquella mesa, a la nuera de De la Rúa, Shakira. La estrella pop colombiana regresó al palacio, que frecuentaba durante el último gobierno radical. Hablaron trivialidades, claro. El acercamiento forma parte de un lifting político al que está siendo sometida la imagen de la primera dama. De la rigidez inicial pasó a las entrevistas con Joan Manuel-Serrat o, también ayer, al abrazo con Mercedes Sosa. Como si la convivencia, ya muy prolongada, con el vicepresidente Daniel Scioli en el Senado hubiera sido contagiosa para Cristina Kirchner. Su aproximación al mundo del espectáculo parece abarcar también a la prensa audiovisual. Si hasta ayer se animó y enfrentó, bastante desenvuelta, las preguntas de un grupo de movileros.
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