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Carlos Kunkel, a pesar de hacerse famoso en alguna revista como «el estratega de Kirchner», se había retirado 10 minutos antes. Contaba, acaso por su misma condición de estratega, con información privilegiada. Eso sí, no la compartió con quienes quedaban en el área presidencial: cuando se enteró de que una columna de protesta enfilaba para el palacio, comentó con un amigo: «Yo acá no me quedo».
En efecto, la senadora no paró de moverse desde que la concentración comenzó a caminar hacia la sede del gobierno. «¡Que venga 'el Chango'!, ¿dónde está 'el Chango'?», exclamó. «El Chango», Héctor Icazuriaga, titular de la SIDE, tampoco estaba a la vista. Lo mismo que su segundo, Francisco «Paco» Larcher, a quien también la esposa del Presidente comenzó a convocar para pedir alguna explicación a pesar de la mala relación que siempre tuvieron. Estuvo sensato uno de sus secretarios, el paciente Fabián Gutiérrez, cuando le dijo a Pereyra, el chofer: «Por más que vengan los de la SIDE, no van a agregar nada a lo que diga la televisión».
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