Los piqueteros están buscando su lugar en el mundo. Y es lógico: no saben bien cómo seguir en su rol de representar a desocupados y volverse cada día más antipáticos con sus cortes de rutas. Algunos de ellos quieren volver a su antigua ocupación de gremialistas. Es el caso de los adversarios de Rodolfo Daer, el secretario general de la CGT, a quien el Ministerio de Trabajo salvó con la convalidación de un congreso de su Sindicato de la Alimentación de que el gremio pase lentamente a manos de la Corriente Clasista y Combativa de Juan Carlos Alderete. También entre los gráficos la conducción de Raimundo Ongaro está desafiada por Néstor Pitrola, un «piqueduro» del Polo Obrero. En el gobierno están revisando el idilio un poco ingenuo de la gestión. Ya tienen bastante con la belicosidad de Hugo Moyano. Esto de los piqueteros tomando gremios es lo que faltaba.
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Las primeras víctimas de esta incertidumbre son los sindicalistas tradicionales. En efecto, estos dirigentes sociales de nuevo tipo, agrupados en la Federación de Tierra y Vivienda, la Corriente Clasista y Combativa (CCC) o el Polo Obrero, han resuelto invadir la vida de los sindicatos tradicionales, desde donde algunos de ellos partieron hace algunos años. El primero en padecer esta experiencia fue nada menos que Rodolfo Daer, el secretario general de la CGT: si no fuera porque el gobierno, a través del ministro de Trabajo, Carlos Tomada, le convalidó una asamblea impugnada de su gremio, tal vez el titular del sector de la alimentación habría perdido su butaca a manos de un área de la CCC, arraigada entre los piqueteros del conurbano bonaerense. Con menos virulencia, también en el sindicato de los gráficos existe esta competencia entre los viejos sindicalistas y los nuevos piqueteros, entre otros cambios en la configuración del gremialismo tradicional.
Daer salvó la ropa sobre la hora. El martes, el Ministerio de Trabajo le convalidó un congreso extraordinario en el cual, según sus opositores internos, se había modificado el estatuto del gremio de la alimentación, seccional Capital, otorgándole «superpoderes» a Daer, sin tener la mayoría necesaria para hacerlo. Con esas facultades extraordinarias, el jefe del sindicato tendría imperioabsoluto sobre lo que deciden las comisiones internas en las negociaciones por empresa con los empleadores.
Ya en noviembre del año pasado, los adversarios del secretario general de la CGT le habían impugnado otro congreso en el cual, según ellos, el sindicalista hizo aprobar un balance a libro cerrado. El que alienta las llamas contra Daer en el sindicato es su secretario adjunto, Fernando Giménez. El principal apoyo de Giménez está en la CCC de Juan Carlos Alderete, un «piqueblando» asociado a Luis D'Elía. Este Giménez, según circula en el gremialismo tradicional, tendría otras «terminales»: los duhaldistas Oscar Rodríguez y Mabel Müller, por ejemplo, quienes lo alientan desde San Vicente y Pinamar, sus dos feudos territoriales.
Pero tampoco hay que suponer que Alvarez Gaiani debió aplicar demasiada fuerza para convencer a Tomada. El propio jefe de la cartera laboral tiene sus propias razones para favorecer al titular de la CGT. La primera y más obvia es que los une a los dos el mismo adversario, Moyano. ¿O este gremialista, enemistado con Daer, no quiso darle un golpe interno al ministro para ubicar en su sitio al abogado Héctor Recalde?
Además, el propio Tomada suele ser víctima personal de los arrebatos piqueteros, que no quiere ver reproducidos a escala de todo el sistema productivo del país: después de todo, es el responsable de la paz social en ese campo. Sin embargo no es en el sindicato de la alimentación donde se produjo el avance piquetero. Néstor Pitrola, un ex gráfico militante del Partido Obrero, sueña con volver como jefe al sindicato en el que fue adjunto, con el legendario Raimundo Ongaro como titular. Pitrola es el caso más claro de piquetero que está en busca de su rol. Sucede que en los manuales de León Trotsky no está previsto hacer la revolución con desocupados, con mujeres o con niños. Y ésa es la base del movimiento piquetero.
Por eso los dirigentes de esas organizaciones, sobre todo las más combativas, prefieren volver a lo que conocen: las fábricas «recuperadas» o el sindicalismo tradicional, donde siempre compitieron con sus listas «Naranja». Es una terapia ocupacional interesante para hombres que andan en busca de lo que significa ser piquetero, una profesión que todavía no se terminó de inventar. Sólo que los gremialistas, en todas sus versiones, están alarmados. Siempre murieron de envidia por estos nuevos competidores, que cobran la cuota sindical (una mordida en el Plan Jefas y Jefes que reparten) sin tener que dar prestaciones de ningún tipo. Ahora van por sus «cajas ». Intolerable.
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