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«Que pongan a alguien peronista y no a uno de esos garantistas que cobran y se van, denunciando que las mafias no los dejan hacer nada», se quejaron los intendentes el martes de la semana pasada, mientras elaboraban un petitorio para acercarle a Solá. Un día después, se les contestó con la designación de Arslanian, decidida en la Casa Rosada más que en la residencia platense. Hasta ayer por la tarde, alimentaban su paranoia: nadie los había invitado a la asunción de Arslanian, hoy a las 10.45.
En rigor, los fantasmas de los alcaldes con el nuevo orden de cosas impuesto por Kirchner en el distrito se agitan por viejas razones. Todos recuerdan que Eduardo Duhalde no se deshizo del nuevamente ministro porque se lo pidiera Carlos Ruckauf en medio de su frenética campaña del «meta bala». «Eso habrá sido la excusa, pero 'Negro' lo echó cuando 'el Armenio' quiso remover a los comisarios de todas las departamentales y reemplazarlos por civiles», recordó ayer delante de este diario uno de los conjurados de esta tarde.
Los intendentes suponen que Arslanian volverá con esa iniciativa, ahora con el aval de Kirchner. Y recuerdan que fue él quien lanzó la acusación de que cada jefe de una ciudad importante se alimenta de un desarmadero de autos. En definitiva, el G-23 teme que en cada comuna se instale a un jefe de policía civil que como principal objetivo se proponga investigar al titular de la municipalidad para ganar fama de implacable con la corrupción. Es lo que sucede tantas veces con estas empresas de saneamiento: resulta más fácil mostrar rendimiento desatando una interna política que apuntando contra las redes delictivas.
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