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En favor de la abstención existen dos influencias poderosas para la mentalidad del Presidente. Una, clásica, la de Raúl Alfonsín, quien también frente al gobierno de Fernando de la Rúa se manifestó favorable a la abstención (en aquella oportunidad planteó un conflicto estridente con Adalberto Rodríguez Giavarini, el canciller). La otra opinión que incide en Duhalde es la de Lula Da Silva, quien se comunicó con él el viernes por la mañana, según la información de dos funcionarios que pasan el día en las inmediaciones del mandatario. El presidente de Brasil volvió a Duhalde al estado de incertidumbre del que lo había sacado Aznar. Brasil se abstiene tradicionalmente en la votación de la Comisión de Derechos Humanos referida a Cuba y ahora, con un gobierno del PT, esa conducta se verá reforzada a pesar del giro pragmático que dio el sindicalista-presidente en otras materias, como la económica.
El otro abogado en favor de que el gobierno se mantenga al lado de los Estados Unidos en la votación es el embajador en la OEA, Rodolfo Gil. La tarea de este funcionario es ingrata: durante años sembró argumentos tercermundistas en la cabeza del Presidente, pero ahora debe neutralizar ese catecismo.
Amadeo y Gil militan en la interna al lado de Néstor Kirchner. En el caso del primero, no tiene otro remedio: intentó mil veces hablar con Eduardo Bauzá, pero «el Flaco» no le atiende el teléfono, lo que es grave en el caso del mendocino, generalmente ecuménico (alguien convenció a Bauzá de que Amadeo tuvo que ver con la nota de «The New York Times» en la que se involucró a Carlos Menem con el atentado contra la AMIA). La paradoja es que estos dos diplomáticos del duhaldismo estarían mejor expresados por las palabras de Menem («debe condenarse a la dictadura cubana» dijo anoche frente a Mariano Grondona) que por las incertidumbres de Duhalde o de su candidato, Kirchner. El gobernador de Santa Cruz todavía no se pronunció de manera oficial, abierta. Aunque después de los fusilamientos también es posible que condene la política de Castro.
Para el gobierno no debería resultar problemático ser consecuente con lo que se vino votando en los últimos años, que incluyen 2002, cuando ya gobernaba Duhalde. Carlos Ruckauf, quien también considera disparatado alejarse de la gestión envuelto en la bandera cubana, buscó algunas razones que permitan al Presidente sobreponerse a su tradicional animadversión hacia los Estados Unidos. «Rucucu» le hizo ver a Duhalde que el voto contra Cuba no es necesariamente una señal de alineamiento: la Argentina se mantiene en la misma posición que los países europeos, igual que en el voto sobre la situación de los derechos humanos en China y en el conflicto árabe-israelí, donde nunca se votó de manera alineada con Washington. Pero para Duhalde estas observaciones son «coartadas». El sigue tan antinorteamericano como siempre, aumentada esa fobia por un detalle que comentó a este cronista uno de sus colaboradores más inmediatos: «Se pasó mucho tiempo mirando la televisión durante la guerra de Irak y eso lo puso muy mal, igual que a Chiche. Usted, sabe, ellos odian el poder».
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