Se conoció ayer que si se toman las actas «sin observaciones» de los comicios del domingo, el candidato Mauricio Macri extendería a 6 puntos, o próxima, su diferencia con el segundo, Aníbal Ibarra. Si se suman las actas «con y sin observaciones», 52% y 48% respectivamente, entra en juego 1,7% de votos de las primeras, las que tienen impugnaciones. Sumadas ambas, da una diferencia promedio de 3,32%, que es el porcentual que se difundió como «resultado provisorio» porque el Correo Argentino, encargado de la recolección, no distingue entre «con observaciones» y «sin observaciones o impugnaciones» para cargar en computadoras. La realidad del porcentaje final surgirá en unos días en el recuento definitivo, donde dirimirá la Justicia las impugnaciones y tenderá a subir el porcentual de Mauricio Macri, aunque por ahora no pueda determinarse cuánto.
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Igual, la diferencia de 3,5% es un buen resultado para este candidato, pero pasaría a ser hazaña si en el «escrutinio final» llegara a 5 puntos. Con estas diferencias sobre el segundo -más el alto ausentismo de votantes que se dio el domingo-, su recolección de votos fue muy buena, sobre todo en una ciudad donde lo más que logró el justicialismo fue el triunfo de Erman González, en la plenitud presidencial de Carlos Menem, en 1993. Aunque el presidente del club Boca Juniors sea un independiente, se lo puede ubicar como ala pensante y no neopopulista del PJ. Sobre todo porque Néstor Kirchner ratificó este domingo que tiene interés en formar un movimiento de izquierdas ajeno al peronismo. Apoyó en Capital Federal y Catamarca a candidatos opuestos del PJ.
Tuvo que enfrentar Macri, simultáneamente, a un gobierno nacional y a uno municipal donde la cabeza de éste, Aníbal Ibarra, era su principal opositor, con todos los privilegios que otorga estar desempeñando el cargo. Esa conjunción nacional-municipal presupone también cuantiosos fondos disponibles, facilidades para propaganda (cesión de tierras nacionales en actos públicos), acción en contra de Macri de la prensa oficialista comprometida con el gobierno de Néstor Kirchner; por caso, todos los medios del monopolio «Clarín» (que hasta el viernes buscó influir en los comicios con una encuesta «trucha» que daba el final de Macri-Ibarra igualados), violaciones permitidas a la ley al candidato oficial (por caso, hubo un acto proselitista de boleto escolar ampliado entre el presidente Kirchner y el candidato Ibarra, el viernes en plena veda electoral), uso de los medios de difusión del Estado para actos de Ibarra.
Para colmo, perjudicó al hombre que quiere pasar de dirigir un popular club de fútbol a administrar la Ciudad el elevado ausentismo de votantes (ver nota aparte).
Mauricio Macri no contó con ningún caudillo político nacional que lo apoyara, y eso que tenía en su sector a Ricardo López Murphy, que en la elección del 27 de abril había salido primero precisamente en la Capital Federal. Por el contrario, su cercano en ideas no sólo no lo ayudó sino que le puso una candidata en contra, Patricia Bullrich, que no hizo su campaña en la necesidad de presencia en los cuerpos colegiados acompañando al centroderecha, sino que atacó permanentemente por el flanco al candidato Macri, aunque es cierto que la ultraizquierda de Luis Zamora flageló también a Aníbal Ibarra, que es el mismo centroizquierda.
No hubo partido tradicional atrás de Macri; no operó con «estructuras» y afrontaba su primera elección política, tras dos triunfos en elecciones del club en 1995 y 1999.
Es cierto que, inicialmente, Eduardo Duhalde dijo que prefería a Macri pero luego el bonaerense se silenció para no agravar la situación con Néstor Kirchner, lanzado abiertamente a favor del actual jefe de la Ciudad. En definitiva, Macri jugó como un «llanero solitario» en medio de un vendaval de izquierda, entre los ideologizados y los prostituidos como oficialistas.
Corre el riesgo de seguir así, solo en la segunda vuelta, que no le será nada fácil. La prensa oficialista deberá seguir atacándolo por el compromiso de fondos con el gobierno de Kirchner. Los canales y radios estatales también seguirán jugándole en contra, es obvio. Los «aliados» extrapartidarios del ala similar son políticamente endebles para las decisiones políticas. El gobierno, aunque no aprecie a Aníbal Ibarra, se lanzará más desembozadamente a buscar consagrarlo porque está en la mitad del camino de un golpe de popularidad adverso, ya metido sin obligación en la disputa capitalina. El vocero del gobierno, el marxista Horacio Verbitsky, expresó ayer, aunque pronostica una «victoria holgada en segunda vuelta» para Ibarra, lo siguiente: «El primer balance demuestra la dificultad de endosar un liderazgo nacional a candidatos locales».
También arriesga Macri que quienes, detrás de su figura, ya lograron el domingo bancas de diputados nacionales, Jorge Argüello por ejemplo, se desentiendan de la segunda vuelta, o peor aún que no lo apoyen desde el peronismo quienes no lograron entrar. (Ver nota vinculada).
No obstante, un Mauricio Macri con el resultado que logró ayer en las condiciones adversas citadas, y más aún si llega a 5% en el recuento de votos -si no se consagra en segunda vuelta el 14 de setiembre, por equis maniobras-, quedará como despojado de un triunfo que merecía y que hubiera sido amplio en condiciones normales. Desde ya, su futuro político suena sólido.
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