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En efecto, la esposa del Presidente se preguntó por qué razón la otra senadora por la provincia de Buenos Aires («por la minoría», machacó sobre lo evidente, una y otra vez) se mostraba tan preocupada por la politización del Consejo de la Magistratura nacional si en su propio distrito se diseñó el mismo instituto con 18 miembros «de los cuales 10, uno más de la mitad, son miembros de la representación política». La señora de Kirchner recordó la integración del Consejo bonaerense: cuatro representantes del Poder Ejecutivo, seis del Poder Legislativo, el presidente de la Suprema Corte, un juez de cámara, un juez de primera instancia, un fiscal y cuatro abogados de la matrícula (a éstos últimos, curiosamente, la oradora los olvidó en su enumeración). La Ley 11.868, que fijó esa composición, fue sancionada -consignó la senadora platense- bajo el imperio duhaldista (1996) y promulgada por el propio Eduardo Duhalde (esta vez lo llamó por su nombre).
La pregunta de Cristina tenía un significado casi personal en el Senado, en la madrugada del 22 de diciembre. En cambio ahora, a la vista del gran mercado de votos que se habilitó entre los diputados bonaerenses, ese interrogante gana amplitud. ¿Cuáles son las razones que urgen a Néstor Kirchner a conseguir el voto de los antiguos seguidores de Duhalde aún más allá del número que necesita para aprobar esa reforma?
¿Cuáles las que impiden que algunos de ellos, como Eduardo Camaño, Jorge Sarghini, Juan José Alvarez o Cristian Ritondo, se inclinen ante ese deseo? Aquella reconstrucción de Cristina Kirchner de las características cesaristas del Consejo que estos bonaerenses elaboraron cuando estaban en el poder vuelve sospechoso el argumento del cuidado de las instituciones. Interpretar que estos diputados disidentes no darán su voto, por lo menos completo, a la Casa Rosada, porque no quieren convalidar un atropello republicano sería como haber creído que, cuando Duhalde en 1999 insinuó plantarle a Carlos Menem un plebiscito en la provincia para evitar una nueva reelección, lo estaba haciendo para preservar la Constitución, como decía por entonces, cuando todavía no se había llevado dos gobiernos por delante.
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