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29 de noviembre 2006 - 00:00

Malvinas: celebran ingleses nuevo plan

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La Argentina analiza el ejemplo del acuerdo de convivencia de Córdoba entre España, Gran Bretaña y Gibraltar -el peñón sobre el sur de la Península Ibérica ocupado por Inglaterra desde 1704- para encontrar aplicaciones prácticas en la disputa por las islas Malvinas con los ingleses.

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La revelación no partió de Buenos Aires sino de un debate de la semana pasada en la Cámara de los Lores en Londres, donde el legislador Lord Faulkner relató las conversaciones que mantuvo con el diputado argentino Jorge Argüello en su última visita a esa ciudad a mediados de octubre. El parlamentario británico explicó también que el Grupo Parlamentario de Amistad con Gran Bretaña tiene la vocación de comenzar el diálogo a nivel de ambos congresos.

En las propias palabras de Lord Faulkner «es de gran interés para los parlamentaristas argentinos -en realidad para aquellos que quieren mirar para adelante más que hacia el pasadoel acuerdo logrado entre Gran Bretaña y España sobre Gibraltar terminado en setiembre, antes de nuestra visita». Se refería a un viaje de los ingleses a Buenos Aires, donde se entrevistaron con diputados argentinos, hecho previo a la visita de Argüello a Londres.

El propio Faulkner le relató en esa sesión al resto de los lores sobre la conversación con Argüello como presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores de la Cámara de Diputados puntualizando que se había llevado como mensaje que los legisladores argentinos estudiarían los términos del acuerdo de convivencia de ambos países sobre Gibraltar y que luego enviarían a Londres sus puntos de vista.

  • Poco entusiasmo

  • No existió en ese relato, de todas formas, demasiado entusiasmo sobre el futuro de esa vía: «Sea cual fuere el resultado de esto, nosotros sólo debemos esperar y estar atentos». Los británicos consideraron que a un año de la elección presidencial no podría tenerse demasiada confianza en algún progreso inmediato a nivel gubernamental.

    Lord Faulkner, de todas formas, reiteró en esa sesión un argumento que parece calcado del que se escucha en estos días en el Congreso argentino en relación con un camino de diálogo en el conflicto con Uruguay por las pasteras: «Quizás la diplomacia parlamentaria ofrezca mejores perspectivas, así como sucedió cuando la Argentina envió una delegación a la reunión por el centenario de la Unión Interparlamentaria Internacional en 1989, un año antes de que las relaciones diplomáticas fueranrestauradas desde la ruptura en la guerra por las islas».

    El acuerdo por Gibraltar entre España y Gran Bretaña no implicó la renuncia de la soberanía española sobre ese territorio, aunque el gobierno de Madrid hubiera cometido ya ese error diplomático en el Tratado de Utrecht.

    Pero contempla el uso del aeropuerto, el levantamiento de restricciones para el uso del espacio aéreo español para los aviones británicos que allí operan, la apertura legal de la frontera -una reja que se cerró poco después de la Guerra Civil Española y que reabrió sin mucho éxito el gobierno de Felipe González- el pago de pensiones a los trabajadores españoles en Gibraltar y el reconocimiento del código telefónico internacional del peñón.

    Pero lo que más importa al ejemplo argentino, es que por ese acuerdo España reconoce a los habitantes de Gibraltar voz en las discusiones sobre su futuro, cuando hasta ese momento sólo podían hacerlo en función de pertenecer a la delegación británica. Al mismo tiempo, Gran Bretaña mantiene la responsabilidad internacional por el peñón -léase que no se le reconoce independencia-, mientras que España se reserva continuar reclamando la soberanía sobre el lugar aunque manteniendo esa exigencia en un carril aparte. Ese principio guarda cierto parecido con el «paraguas de soberanía» con que Domingo Cavallo y Guido Di Tella quisieron enfrentar el diálogo con Londres sobre las Malvinas y que este gobierno va dejando colgado en algún desván.

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