Felipe Solá dejó ayer a Juan Pablo Cafiero a cargo de la seguridad de la provincia de Buenos Aires, tras despedir al jefe de la Policía, a quien se acusó por presunta evasión impositiva. La decisión llega en medio de una aguda crisis de seguridad y cuando el gobierno nacional ha dispuesto que más de 2 mil gendarmes comiencen a actuar en el conurbano bonaerense. Aunque las decisiones nacional y provincial tengan razones diversas, que ocurran al mismo tiempo indica cambios profundos en la administración -no ya la solución- de esta crisis.