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23 de agosto 2002 - 00:00

Movió la Corte: un caballo muerto en la cama de Duhalde

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No llegó ninguna oferta concreta desde el gobierno para impedir la resolución y la Corte movió su primera pieza luego de las deliberaciones que se arrastran desde que Eduardo Duhalde impulsó el juicio político en el obediente Congreso y luego se vio obligado a demorarlo. Pero no a levantarlo. Ayer, con su decisión, la Corte le advirtió que hay otro poder, tan importante como el suyo, en la trilogía que establece la Constitución. Arriesgado movimiento sin duda y, a él, ajedrecista sin Elo, le resta contestar con la venganza, si es que aún tiene fuerza para hacerlo.

En términos crudos, se sabe que Duhalde accedía a levantar el juicio político si dos miembros de la Corte le garantizaban la renuncia al cuerpo (también él, como otros mandatarios, requiere de un instituto adicto, sobre todo para cuando deje el gobierno). Pero los 9 miembros, si bien se comprometían a desprenderse de dos hombres, antes exigían -por su buen nombre y honor-que el Parlamento tirara al cesto el baldón del juicio político. Como se imaginaban traiciones mutuas, ninguno procedía. Entonces, desde el gobierno se imaginó una ignominia propia de la cultura bonaerense: que dos ministros entreguen la renuncia postdatada al levantamiento del juicio y, mientras tanto, se guardaban en una caja fuerte las dimisiones. Se puede decir de todo de la Corte, pero ese método excedía la ética de los 9, el respeto que pueden tener por sí mismos. Y se empantanó la negociación porque Duhalde desconfiaba de las renuncias posteriores -también de que le fallaran a favor en ciertos casos como el de los amparos bancarios o la reducción salarial de 13%- y, al mismo tiempo, estaba confiado en que la Corte no se atrevería a pronunciarse contra las medidas demandadas por el gobierno. Se equivocó, no sus mensajeros (Juan José Alvarez, Horacio Jaunarena, Eduardo Camaño), quienes le señalaron que los 9 miembros o, al menos una fuerte mayoría, ya se habían hartado de tanto trasiego deliberativo.

Y sucedió ayer no sólo por el hartazgo: hasta ese momento, la Corte insinuaba tratar otro caso que no era justamente el de la reposición de 13%. Tenía en sus manos el pronunciamiento, a favor o no, de una presentación que cuestionaba la legitimidad constitucional de la presidencia de Duhalde. Esa espada de Damocles desapareció en forma curiosa y trágica la semana pasada: el abogado que inició la causa -Pedro Prada Errecart-, singularmente de Lomas de Zamora, la tierra de Duhalde, fue asesinado en un hecho en apariencia pasional. Y el crimen, además de desaparecerlo físicamente, también implicó el fin de la causa por falta de sustancia legal. Algo así como lo del perro y la rabia, aunque suene irrespetuoso para la memoria del letrado. Como algún miembro de la Corte, temeroso tal vez de que el caso Prada Errecart tuviera implicancias políticas, se impulsó el tratamiento de 13%.



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