Néstor Kirchner parece haber logrado la «unidad nacional» sin siquiera hablar de concertación. Antes aún de subir al escenario de la Plaza de Mayo: empresarios, sindicalistas, intendentes, piqueteros, gobernadores, simples diputados, participan de un sentido consenso que consiste en suplicar que el 25 pase rápidamente. Tanto es el estrés al que están sometidos por la Casa Rosada, que vigila cada comportamiento en relación con esas festividades, por si aparece alguna disidencia.
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La reunión de empresarios y sindicalistas que tuvo lugar el lunes en el despacho del Presidente, con la excusa de suscribir el convenio laboral de la industria del plástico, fue una demostración muy expresiva de ese estado de ánimo, casi asfixiante. Comenzó por manifestarse Hugo Moyano, quien estaba allí acompañando al gremialista de los plásticos, Vicente Mastrocola. Le dijo al Presidente, abriendo el paraguas: «Quiero que sepas que haber convocado a un acto en un feriado es un grave error. Nosotros haremos un esfuerzo enorme pero no te garantizamos traer toda la gente que podríamos en un día normal». A Kirchner no le gustó el chiste. Moyano jura que el gremialismo aportará 70.000 personas a la fiesta. Pero sus seguidores harán una fiesta si llegan a 30.000.
Ayer el mal augurio comenzó a verificarse de manera inquietante. El camionero reunió a la dirigencia de la central obrera para organizar su participación en la Plaza. Pero a las 15, en Azopardo 802, no había ninguno de los grandes capitostes del sindicalismo. Con distintos pretextos, todos mandaron a sus segundos para que prestaran atención a manualidades que un sindicalista consagrado no realiza desde hace décadas: contratar colectivos, disponer de las viandas para los « movilizados», determinar los puntos de encuentro y retirada, reclamar el lugar que corresponde a cada sector en el lugar de la concentración, organizar el dispositivo de seguridad de cada organización y, sobre todo, establecer las contigüidades físicas en el emplazamiento de las columnas de gente. Esto último es decisivo: hay gremios que no resisten la proximidad física sin violentarse. Por ejemplo, camioneros y constructores.
Hasta anoche la interna del gremialismo había impedido que desde el sector de los «gordos» se combinara con la conducción de Moyano la logística del acto. Sólo se sabía que al sindicalismo le fue asignado el ala sur de la plaza, cuyo espacio irán tomando los distintos pelotones por hora de llegada. Hay un dato al que debería prestar atención el camionero: la UOCRA de Gerardo Martínez concurrirá a la plaza junto a los mercantiles de Armando Cavalieri. El túnel entre « gordos» y jefes de grandes sindicatos independientes sigue abierto y, al parecer, con gran tráfico.
Recorrida mercantil
A propósito de Cavalieri, ayer continuó con la estrategia tradicional de quienes preconstituyen la prueba en su propio beneficio. Autos de Empleados de Comercio recorrieron la ciudad convocando para la manifestación. ¿Quién podrá negarle a Cavalieri que gran parte de la concurrencia de mañana no fue inducida por su obsesiva propaganda? Después de todo, él le prometió a Alberto Fernández «30.000 manifestantes». ¿Ahora le van a sacar Parque Norte, como pretenden algunos?
La táctica preventiva de Cavalieri fue adoptada, aunque con menos estridencia, por otros capitostes sindicales. Ayer el terreno gremial estaba minado de declaraciones de secretarios generales que avisaban su asistencia y empeño por movilizar a su clientela. Desde el maquinista Omar Maturano, quien justificó la presencia en la Plaza por los beneficios que el gobierno derramó en la industria ferroviaria, hasta Walter Correa, de los «trabajadores del cuero» (marroquineros que se referencian en Julio De Vido), quien manifiesta ir a la concentración por el mayor nivel de actividad que se produjo en su rubro.
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