Para romper el "techo de cristal" en la Ciudad del Vaticano, el papa Francisco se fijó el objetivo de aumentar el número de mujeres en cargos de responsabilidad. Pero sus reformas se topan con las mentalidades de un sistema intrínsecamente patriarcal.
La figura femenina no es la que más destaca entre los uniformes abigarrados de la Guardia Suiza y las filas de cardenales en la plaza de San Pedro.
Pero las mujeres que trabajan en la administración del gobierno de la Iglesia son cada vez más numerosas.
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En 2019, la Curia Romana cifraba en 649 las mujeres que trabajaban en el Estado más pequeño del mundo, un 24% del total de efectivos. En 2010 apenas eran 385, según los últimos datos disponibles.
Mujeres en el Vaticano
El aumento de la presencia fue alabado en público. Pero una decena de empleadas que fueron encuestadas lamentan -bajo condición de anonimato- las actitudes condescendientes y adversas a las que se enfrentan, particularmente entre los clérigos.
"Aún queda mucho camino por recorrer", subraya una de ellas, que trabaja desde hace 10 años en la Santa Sede.
Otra denuncia un "techo de cristal y una actitud globalmente paternalista en los pasillos", con una visión antigua de la "mujer sensible, dulce, que encontramos reflejada en los discursos del papa".
"A veces tenemos la sensación de ser consideradas como becarias. Son pequeños gestos, una mano en el hombro, una falta de consideración, comentarios casi diarios sobre el físico o la ropa", añade.
Otras, a veces madres, lamentan ser relegadas a papeles secundarios. También denuncian un mandato implícito de silencio y docilidad.
Avances
Para aumentar su visibilidad, el género unió sus fuerzas con la creación en 2016 de la asociación "Donne in Vaticano". Sus miembros, unos cien, se reúnen cada mes.
"El objetivo es crear una red de intercambio y valorizar nuestro papel", explica su presidenta, Margherita Romanelli.
La creación en 2012 del suplemento femenino del Osservatore Romano, el diario oficial del Vaticano, fue el primer paso.
Pero no duró mucho. En 2019, su fundadora Lucetta Scaraffia terminó por abandonar el proyecto al denunciar un "clima de desconfianza".
Según ella, las reformas del papa son esencialmente "cosméticas" y esconden en realidad una "mentalidad machista", según la cual "las mujeres deber servir sin pedir nada a cambio".
Scaraffia denuncia la "esclavitud moderna" que sufren las religiosas empleadas en el Vaticano y en otros lugares dirigidos por curas, obispos o cardinales, muchas de las cuales deben "cocinar, limpiar, lavar la ropa".
Pero también subraya las violencias sexuales que sufren las religiosas en Roma y en el mundo, que muchas veces terminan en abortos.
Medidas del papa Francisco
A pesar de las críticas, un amplio sector aplaude la presencia cada vez mayor de mujeres en las estructuras eclesiásticas, con un número creciente de laicas empleadas para tareas específicas.
Desde la elección de Francisco hace 10 años, el número femenino con puestos de responsabilidad se multiplicó por tres.
En 2021, la hermana Alessandra Smerilli se convirtió en la primera en ocupar el cargo de secretaria (número 2) de un dicasterio, equivalente a un ministerio.
Otros ejemplos incluyen el de Barbara Jatta, la primer directora de los prestigiosos museos de la Santa Sede.
El pontífice argentino sigue avanzando paso a paso. Las mujeres pueden participar en el nombramiento de obispos y la laicización de los puestos de "ministro" les abre nuevas perspectivas.
En una ciudad estado que aplica una estricta igualdad salarial, el jefe de los más de 1.300 millones de católicos introdujo también medidas simbólicas como la autorización de que participen en la ceremonia del lavado de pies o en la lectura del Evangelio en la misa.