En nombre de la libertad de prensa y los derechos humanos que usted tanto ama y defiende imparcialmente, le aseguro que no maté a María Marta García Belsunce. Para su conocimiento de investigador profundo, como merece la Fundación Ford, llamé al padre de García Belsunce para darle mi pésame y no tuve respuesta. Tampoco soy hombre que guste de las armas, como usted dice en «Página/12»: me asustan hasta las pistolas de agua. Tiene razón cuando usted dice que amo a las instituciones y odio el terrorismo. Creo que los terroristas son asesinos, no mártires. Perdón... si lastimo sus creencias. No reclamo ninguna aclaración pública, por favor. Me bastaría con que usted, tan lejano al poder, deslizara en el oído del presidente Kirchner que yo no maté a María Marta García Belsunce. Hágame ese favor, gracias mil.
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