La «boliburguesía» chavista, ese conglomerado de empresarios venezolanos que se hicieron ricos de la noche a la mañana durante el gobierno del Comandante, no sólo está de luto por las desdichas de los ex patrones de Guido Antonini Wilson -ahora delatados ante el FBI por su empleado-. Casi sin darles respiro a estos herederos de los «12 apóstoles» del petróleo de los tiempos de Carlos Andrés Pérez, en los últimos tiempos cayó preso Alex del Nogal en Milán, acusado de narcotráfico y asesinato, Daniel Uzcategui cayó como una de las máximas cabezas de PDVSA después del escándalo del maletín como le sucedió aquí a Claudio Uberti, Carlos Kauffman y Franklin Durán están presos en Miami y ahora le tocó el turno a uno de los más poderosos representantes de esa clase social: Wilmer Ruperti, que está siendo demandado en Nueva York acusado de cometer presuntamente fraude contra empresas rusas. Ruperti, un trader petrolero, saltó a la fama personal y económica cuando decidió apoyar a Hugo Chávez en 2003, después que un golpe intentó sacarlo del Palacio de Miraflores: rompió un paro petrolero y utilizando su flota de buques salvó a Venezuela de quedarse sin nafta.
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La ayuda no sólo fue patriótica sino también un excelente negocio: sus barcos compraban nafta y la revendían a PDVSA, que estaba paralizada. El agradecimiento de Chávez fue más que eterno: lo condecoró con la Orden del Ejército, por lo que pasó a ser casi un ídolo nacional.
Ahora el Tribunal del Distrito de Nueva York lo acusa de cometer un fraude masivo contra empresas filiales del estado ruso por una cantidad que supera los u$s 17 millones.
El venezolano controla empresas con domicilio en Panamá como Pioneer Shipping Corporation y PMI Trading Inc. y está acusado de presuntamente «violar su responsabilidades fiduciarias, obtener ganancias fuera del contrato y recibir pagos no identificados, en conexión con viajes de banqueros de las empresas rusas para la estatal venezolana PDVSA».
Problema
No hace falta hurgar demasiado para saber que esta vez Ruperti no se enfrenta a un enemigo menor: lo demanda la compañía naviera Novorossiysk, donde la mayoría de las acciones están en manos del Kremlin.
En el juzgado de Nueva York, la denuncia relata que los barcos de la naviera ruso fueron fletados a una empresa de Ruperti y éste, recordando quizás sus operaciones antirrevolucionarias, luego se los alquiló a PDVSA, por supuesto a un costo mucho mayor.
Pero ése no fue el principal problema: todo ese acuerdo se habría escondido en medio de documentación falsificada que, en apariencia, muestra que los buques fueron alquilados directamente por PDVSA. Esa maniobra habría sido posible gracias a que se pagaron sobornos para mantener engañados a los ahora demandantes.
Ahora los rusos, bajo control del gobierno de Vladimir Putin, no sólo lo demandan sino que también lo persiguen por el mundo entero. Ya iniciaron acciones contra Ruperti en Gran Bretaña y luego presentaron la demanda en Nueva York, para incluir bienes de Ruperti localizados en el Distrito Sur de esa ciudad. Toda esa sociedad de empresarios venezolanos enriquecidos durante el gobierno de Chávez tiene un seguimiento continuo en Internet. En el sitio sobre investigaciones por lavado de dinero World-check, todos aparecen como Personas Políticamente Expuestas y por ello con alto riesgo, por estar vinculadas en este caso a Chávez.
Allí se informa también que Ruperti tiene un nivel de formación interesante: master en Finanzas y Cabotaje del Politécnico Plymouth. Hoy controla barcos petroleros y le salva el gobierno a Chávez, pero su origen fue más que modesto. Su padre fue un inmigrante italiano que trabajó como chef en restoranes de Caracas. Su vida actual es bien distinta: hace dos años le pagó auspició un concierto de beneficencia a donde llevó a Luciano Pavarotti, poco antes había pagado u$s 1,7 millones en una subasta en Nueva York para quedarse con un par de pistolas francesas que pertenecieron a Napoleón Bonaparte y que siempre se sospechó habían sido « regaladas» a Chávez. Ahora, sigue con esa vida, pero lo persiguen los rusos, aunque no es la primera vez.
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