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28 de abril 2003 - 00:00

Nuevo presidente saldrá de un ballottage "a medida"

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Las tijeras las manejaron Eduardo Menem, Eduardo Bauzá y Carlos Corach, quienes negociaron la ecuación que rige actualmente con Alfonsín y Antonio Berhongaray, una tarde de domingo, en el departamento del empresario Gabriel Romero, sobre la avenida Alvear (el detalle favoreció la versión de que Romero sirvió también para materializar algunas prestaciones del gobierno al alfonsinismo una vez sellado el pacto de Olivos).

El senador Menem, Bauzá y Corach lograron esa tarde lo inimaginable: que la segunda vuelta en la Argentina se calcule sobre la base de un logaritmo, que intenta neutralizar lo que el sistema mismo tiene de proscriptivo.

Si bien se inauguró en Francia en 1852, durante el Segundo Imperio de Napoleón III, el ballottage encontró su verdadero rol a partir de 1958, cuando lo instauró la Constitución de la V República con una finalidad mal disimulada: evitar que el Partido Comunista Francés llegara al poder. Esta es la clave última del régimen de «ballottage»: producir una proscripción tolerable sobre la primera minoría en el juego de las fuerzas electorales. Por eso los teóricos dicen que se trata de una ingeniería «correctiva» o «preventiva», es decir, que pretende evitar algo más que producirlo. Este matiz discriminatorio de la segunda vuelta es el que inspira a algunos a calificar el método de poco democrático.

En la Argentina se lo estableció con la misma intención en 1973. Arturo Mor Roig, el ministro del Interior de Alejandro Agustín Lanusse -un radical de vieja tradición «gorila»-, diseñó un sistema electoral sobre la hipótesis de que el no peronismo es en la Argentina más numeroso que el peronismo.

Aquel trío de negociadores menemistas del departamento de Romero adhirieron a esa tesis y consiguieron reflejarla en el sistema que se instauraría en la nueva Constitución: para quedarse con la Presidencia no haría falta conseguir más de la mitad de los votos. Bastaría con 45% y, si no se alcanzara, pero se estuviera por encima de 40% con 10 puntos de diferencia con el segundo, también el triunfo se daría por definitivo.



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