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Un rato antes de machacar con esa frase, el gobernador había compartido, sonriente y distendido, un acto con el Presidente en la Casa Rosada. De allí partió, sin escalas, a la sede porteña del Banco Provincia a compartir una cena con la plana «top» de sus leales.
Escoltado por delegados de las ocho secciones electorales, Solá atravesó la madrugada del martes absorbido en evaluar éxitos y fracasos de los primeros 70 días de su ruptura con el duhaldismo, y en analizar con previsión sus próximos movimientos.