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30 de noviembre 2006 - 00:00

Otra capitulación

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Néstor Kirchner
Como frente a otras capitulaciones anteriores, el esfuerzo de Néstor Kirchner estará concentrado en las próximas semanas a tratar de convencer al público que la nominación de Daniel Scioli como candidato bonaerense no es un acto de debilidad sino un hallazgo estratégico. Después de tres años alzando las banderas del kunkelismo y sacándose fotos con Luis D'Elía, el Presidente se resignó ante el hecho de que no hay chance para él en las presidenciales del año que viene sin una buena elección en Buenos Aires. «Necesitamos ganar por 50 por ciento en la provincia y el trabajo que hacés se refleja en todas las encuestas que me traen», le dijo el Presidente a Scioli en la reunión a solas el martes en Casa de Gobierno.

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«No te niego que vos podés ser el candidato. El trabajo que estás haciendo es bueno para eso. Pero seguí caminando la ciudad y el año que viene decidimos, pero preparate para todo.» «¿Filmus?», preguntó Scioli. «No hay nada decidido en ningún lado», fue la respuesta a Scioli, que ya aprendió que los políticos de lo que menos hablan es de política. Por eso el resto de la charla se concentró sobre el viaje a México que inició anoche, anécdotas de otros viajes, glosas de tratados de comercio. etcétera.

Antes de viajar el viernes a Santa Cruz, Kirchner le había adelantado a la mesa chica esta movida con Scioli, pero explicando la rentabilidad negativa del gesto: «No hay que dejar crecer expectativas en la oposición de que nos puedan ganar en la provincia de Buenos Aires. Con Daniel logramos eso y además ganamos tiempo hasta marzo para decidir qué nos conviene más». Por eso ayer Aníbal Fernández dedicó la ronda telefónica con punteros bonaerenses a fatigar este lema: «No soy viuda de nadie, yo no me bajo de la candidatura».

  • Campaña

  • En esa explicación, Kirchner valoró que con cualquier otro candidato (Aníbal, José Pampuro) iba a tener que hacerles él en persona la campaña. «Iba a tener -dijo-que ir a convencer a los intendentes que no les hicieran la guerra y al electorado de las ciudades de más de 100 mil habitantes que debían votar a ese candidato.» Con Scioli, la campaña la hace éste y, se ufanaba el Presidente, él podría reservarse para los «focos» o lugares más difíciles.

    La decisión, que los dos consienten en no verbalizar hasta nuevo aviso, se parece a cuando Kirchner modificó la política de seguridad en 2004 cuando lo arrasó el huracán Blumberg, cuando consintió en Capital Federal la martingala Telerman-Juan Alvarez para enfrentar Cromañón o cuando bajó la reelección de cuatro gobernadores después de la rodada en Misiones.

    Ahora, como todo acto negativo en política, hay que verlo por el daño que causa a los adversarios que como una intención de instalarlo a Scioli como gobernador:

  • Con el lanzamiento del vicepresidente en Buenos Aires produce una espantada en el peronismo que se tentaba con la nominación de, por caso, un Mauricio Macri en ese distrito. Los mismos titulares del monopolio que el fin de semana saturaron al público con el adelanto de la bajada de Scioli en ese distrito, una semana antes habían hecho lo mismo anunciando que Macri se preparaba a competir por la sucesión de Felipe Solá.
    Dejarlo a Macri recoger adhesiones en Buenos Aires como el principal dirigente de la oposición se convertía en un peligro que la salida de Scioli intercepta. Ese peronismo que mira a los Kirchner con recelo tiene una oportunidad de permanecer al calor del oficialismo con un postulante que, además, puede tirar hacia arriba en una elección a los candidatos municipales que es donde se juega el poder territorial.

  • Esto lo reflejaron ayer los intendentes que hacían cola en el acto de Morón con el Presidente para saludarlo a Scioli. Julio Pereyra y Alberto Descalzo, que juntan peronismo para Kirchner celebraron con alegría esta elección. El intendente de Florencio Varela conduce una liga de alcaldes que sirvió de puente a la candidatura de Cristina de Kirchner a senadora el año pasado y tiene la llave de las relaciones con Julio De Vido y José López, proveedores de fondos y obras públicas que justifican el alineamiento de los alcaldes con la casa de Gobierno. Con menos entusiasmo, el triste Kunkel trataba de encontrar argumentos para digerir la novedad: «Es un vicepresidente que ha acompañado bien», se derramó por una radio.

  • La misma impresión se manifestó entre los legisladores provinciales del peronismo que festejaron la posibilidad de cobijarse en ese estilo «toma todo» que tiene el vicepresidente para no pelearse con nadie. Con frialdad saben que Scioli tiene línea abierta con Eduardo Duhalde, que ya lo hizo vicepresidente y que fue el primero que lo soñó gobernador. Esto pese a que el domingo, en una mesa de baraja, Duhalde dejó abrió los labios para musitar: «No puede ser candidato, no tiene papeles». Ayer su esposa Chiche ya decía que tenía que ponerse a estudiar este tema que «Negro» había despachado con tanta dureza. De Duhalde, hay que recordar, siempre hay que entender lo contrario de lo que dice.

  • El desembarco le sirve a este peronismo provincial (dividido aún entre PJ y Frente para la Victoria) para disfrazar su fracaso crónico en construir candidatos propios en el distrito -Carlos Ruckauf y Felipe Solá los proveyó Capital Federal-. Este Scioli que mata las internas ya tenía ayer el apoyo entusiasta de Felipe-Solá que ya dio instrucciones para que lo presenten como el jefe de campaña de «Daniel». Lo cree el sucesor más pacífico en una silla que parece más peligrosa cuando se la deja que cuando se la ejerce. El gobernador, como antes Ruckauf y Duhalde, han hecho lo indecible para que sus sucesores no movieran un papel sobre su gestión.

  • Esta capitulación puede tener su lado bueno porque manifiesta un realismo que no parecen reflejar algunos gestos del Presidente. Significa admitir que la provincia de Buenos Aires es un distrito que ama el conservadorismo, así como la Capital Federal parece identificarse con la socialdemocracia u otras formas del centroizquierda. Allá, tierra de Manuel Fresco, Juan Perón, Eduardo Duhalde, nunca tuvieron suerte los socialdemócratas. Lo mostró hasta un desteñido Carlos Ruckauf cuando volteó (aliado a otro conservador, Domingo Cavallo, que le aportó 6 puntos para su victoria en la elección a gobernador) a esa estrella que era en 1999 Graciela Fernández Meijide. Scioli se compadece con ese estilo del distrito y le permite abrir al oficialismo varias ventanillas electorales. Scioli junta peronismo, duhaldismo, menemismo, sectores empresarios, independientes. Lo resiste un centroizquierda que no tiene representación electoral importante -lo poco que existe lo usan Kirchner y Solá para su entretenimiento personal en cargos marginales-.
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