Las penurias que viven por estos días el Hospital Francés y los afiliados a esa institución comenzaron a poner en evidencia los problemas que tienen empleados de distintas reparticiones que utilizan ese servicio médico. Uno de los casos más complejos es el de la DAS, la obra social de los empleados del Congreso de la Nación, que tiene entre sus principales prestadores al Francés y también el Hospital Güemes. Las deficiencias en la prestación llegaron a tal nivel, con pedidos masivos de renuncia por parte de los empleados legislativos -lo que no se puede concretar porque no fueron incluidos dentro del decreto que permitió en épocas de Carlos Menem la libertad de elección- que se ven obligados a pagar una prepaga privada, que se debió apelar a contratar los servicios del Hospital Alemán para cubrir la atención en áreas críticas como pediatría y obstetricia ante la queja de los empleados.
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Las posibilidades de control, por otra parte, son más que acotadas. La DAS no está alcanzada por las directivas de la Administración Nacional del Seguro de Salud y tampoco es una obra social sindical. Su carácter legal es el de ser una dirección del Congreso con una comisión administradora que depende alternativamente del Senado y la Cámara de Diputados, en plazos que antes eran de un año y luego se elevaron a dos. Así recibe un Presupuesto anual de $ 22,8 millones.
Sólo la Auditoría General de la Nación verifica sus movimientos. El último informe de ese organismo fue elevado el pasado 18 de setiembre y que analizó la administración durante 2004. Los resultados en cuanto a la ausencia de indicadores de gestión, utilización de recursos y falta de información son lapidarios, tal como puede observarse públicamente en la página de Internet de la AGN.
A esa crisis debe sumarse que los diputados y senadores decidieron hace tiempo abrirse del sistema de salud de sus empleados y formar una nueva obra social, OSLERA, a la que sólo podrían acceder, en caso de abrir el libro de pases, también los empleados de máxima categoría, profundizando el desfinanciamiento de la DAS. OSLERA, además, consiguió mediante una resolución de la superintendencia de obras sociales lo que ninguna otra cobertura sindical o privada pudo: que se le giren, además, los fondos que se retienen a todos sus afiliados en concepto de aporte al PAMI. Esa resolución generó disputas y apelaciones, pero nada pudo modificar la voluntad de los legisladores. La situación de deterioro de la DAS comenzó hace años. De ser una cobertura modelo pasó por períodos de virtual quiebra con gerenciamientos tercerizados y vaciamiento de sus servicios.
Promesa
Todo ese padecer de los empleados del Congreso pareció terminarse cuando, hace dos años y medio, Daniel Scioli y Eduardo Camaño anunciaban en un solemne acto en el Salón de Pasos Perdidos que se procedería al saneamiento de la deuda de la DAS, mantenía cortada una parte importante de sus prestaciones.
Como se dijo, al no revistar dentro de los controles de la ANSSAL, los límites a su endeudamiento pasaron siempre por las negociaciones que se realizaban dentro del propio Congreso.
En ese acto, con la presencia de la Asociación del Personal Legislativo y un funcionario de la Secretaría de Hacienda de la Nación, se prometió cancelar la deuda que por entonces rondaba los $ 11 millones.
Ese acuerdo, firmado por los presidentes de las cámaras, incluía un aporte de Hacienda y la creación de una comisión mixta que evaluara a cada uno de los acreedores de la DAS y presentara propuestas de saneamiento. No hubo allí legisladores, sino representantes administrativos de las cámaras y de la cobertura médica de los parlamentarios.
En la mayoría de los casos propusieron una quita de 35% que algunos prestadores aceptaron y otros no, como el caso del Hospital Italiano, que por años había sido uno de los principales puntos de atención para los empleados del Congreso. Mientras tanto cambiaba la dependencia de la DAS de Diputados al Senado.
En esa lista estaba también el Hospital Francés. Representantes de los cuatro gremios que operan en el Congreso juran que de los $ 11 millones de deuda se cancelaron $ 7 millones y quedó pendiente un remanente de $ 4 millones. Así el proceso no habría tenido conclusión aún. De todas formas se sabe que el Francés habría cobrado al menos parte de la deuda que mantenía el Congreso al momento de llegar la intervención a esa institución.
En enero de este año, la Cámara de Diputados volvió a hacerse cargo de la administración de la DAS.
Alberto Balestrini pidió cambios en la cobertura desde el primer día, e inclusive se abrieron tratativas con el Hospital Británico para cambiar las prestaciones.
La situación por ahora sigue siendo compleja al estar los empleados sometidos al monopolio de esa dirección de salud del Congreso. Al ser cautivos y no poder cambiar de cobertura, como cualquier trabajador, no pueden optar siquiera los de mayor categoría por pasarse a la privilegiada OSLERA de los legisladores. Esa cobertura, inclusive, modificó sus estatutos para poder recibir a los empleados de las categorías uno a cuatro y espera que algún día se abra el libro de pases.
Los cuatro sindicatos que poseen representación en el Congreso también afilan las uñas. Ninguno de ellos tiene obra social propia -al tener que limitarse a la DAS-, algo impensado en el sindicalismo argentino y que los coloca en el plano del subdesarrollo al compararse con otros gremialistas.
Así el futuro de la DAS parece hoy previsible: quedarán allí los afiliados de mayor edad y los de menor ingreso, que otras coberturas no quieran asumir.
La idea de Balestrini, de todas formas, es otra: tiene la intención de modificar la ley que gobierna la DAS para abrir la cobertura, y que los empleados no tengan que pagarse su propio servicio médico o transformarla en una obra social sindical.
El problema vuelve a ser la planta de personal, pero en este caso de la propia DAS. El informe de la AGN revela que existe un empleado por cada 68 afiliados. En suma revisten allí 422 agentes (se aclara que no todos cumplen funciones en ese lugar) «y del total de la planta de personal sólo 24,17% corresponde a profesionales relacionados con el arte de curar». Es decir, que menos de un cuarto de ellos son médicos.
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