En medio de las versiones sobre la salud de Ingrid Betancourt, Nicolas Sarkozy quería que Cristina de Kirchner sea mediadora estrella y hasta la tentaría con una oferta explosiva: viajar juntos a Colombia para ser garantes de la liberación de la rehén de las FARC.
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Por teléfono, días atrás, el francés le anticipó a la Presidente la propuesta que discutirían, almuerzo mediante, el lunes próximo en París, según figura en el «briefing» que se evaluó en Casa Rosada antes de que, por el conflicto del campo, se cancele la gira por Londres y París.
Sarkozy entiende -afirman en el gobierno- que Cristina de Kirchner es la figura indicada para mediar no sólo porque puede, en teoría, apaciguar a Hugo Chávez, sino porque tiene diálogo, aunque duro, con el colombiano Alvaro Uribe. «Disienten, pero se respetan y se escuchan», dicen. A diferencia de otros mandatarios latinoamericanos, traducen a Sarkozy cerca de la Presidente, quien tiene diálogo con Uribe. Y eso fue un dato clave para la propuesta de mediación «in situ» que tenía en mente el francés y que, por ahora, no podrá ser.
El caso Betancourt, asunto en el que tropezó Néstor Kirchner cuando se instaló en la selva pero volvió furioso y sin nada, tenía para la Presidente un doble atractivo: la pantalla internacional y la promesa de Sarkozy de interceder a favor de la Argentina en la disputa con el Club de París.
Reingreso
El país le debe 6.500 millones de dólares a ese consorcio, y anular ese default supondría un password para reingresar al mercado financiero y, puntualmente, destrabaría un crédito para financiar el tren bala Buenos Aires-Rosario que impulsa la Casa Rosada.
Ambos factores están ligados y Sarkozy pretendía establecer una especie de canje: que Cristina de Kirchner lo asista en la causa Betancourt, tema prioritario para el francés que vive horas bravas en cuanto a imagen pública, a cambio del respaldo en la negociación con el Club.
El sábado al mediodía, luego de una discusión agitada sobre la medianoche del viernes, los Kirchner resolvieron suspender el tramo de la gira a Londres. La decisión se tomó en las horas en que empeoró el clima sobre una resolución a la crisis con el agro. París sigue suspendido hasta nuevo aviso. El sábado, Oscar Parrilli comenzó la ronda para avisar que desarmen las valijas a los que integraban la comitiva para ir a Londres y París en la primera escala europeade Cristina de Kirchner. En un alarde de ocurrencia, Martín Lousteau dijo a unos días de asumir que le importaba más lo que pasada en Pavón Street que lo que ocurría en Wall Street. Quiso ilustrar que su sensibilidad miraba al conurbano profundo, cruzado por la avenida Pavón, y no a los mercados financieros.
Ese concepto de Guía Filcar tiene ahora una traducción para Cristina de Kirchner: las rebeliones chacareras en las rutas la alejaron de Downing Street, la residencia londinense del primer ministro británico, ocupada desde el año pasado por el laborista Gordon Brown.
Sucesor de Tony Blair, Brown recibiría a la presidente argentina que tenía como excusa para viajar a Londres una invitación para participar de una conferencia de mandatarios progresistas, organizada por la International Progressive Governance.
El encuentro coincidiría con un nuevo aniversario por el inicio de la Guerra de Malvinas -el miércoles 2 de abril se cumplen 26 años-, pero la diplomacia argentina no había logrado quebrar la voluntad británica de no meter ese tema en la agenda bilateral.
El impacto del conflicto con el agro desarmó la estrategia cristinista en materia de política internacional. De hecho, además de suspenderse el viaje de la Presidente a Europa, se canceló otra visita de peso: la de Alberto Fernández a Estados Unidos.
Fernández hablaría ante el Council of Americas y esperaba el OK para una cita con Tom Shannon, el encargado en el gobierno de George W. Bush de la diplomacia para América latina. Hubiese sido el primer encuentro de primer nivel de un funcionario argentino en Washington.
Shannon es, de acuerdo con la curiosa perspectiva de la Cancillería -Jorge Taiana suele referirse a él con un cordial «Tom»- un «amigo» del gobierno argentino en la administración Bush. La cita hubiese servido como previa a una futura cumbre Shannon-Cristina en Buenos Aires.
Hasta principios de la semana pasada, había alguna chance de que de ese viaje participe Néstor Kirchner más como ex presidente que como esposo o eventual futuro titular del PJ nacional. Alguien imaginó que sería el primer ensayo de un potencial Kirchner conferencista en el exterior.
Pero entretenido con el ajedrez del PJ, el patagónico se bajó del avión y unos días después, absorbido por el conflicto del campo, Alberto Fernández canceló la visita. Ayer, en el gobierno no había ningún indicio para reprogramar esos viajes oficiales.
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