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23 de julio 2008 - 00:00

Para Julio De Vido austeridad es cortar pasajes a empleados

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El ministro de Planificación Julio De Vido, cual general a punto de entraren batalla, pasó revista ayer a los gerentes de Aerolíneas Argentinas que lo secundarán -al menos en esta primera etapa-en la reestatización de la aérea.

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Después, en declaraciones al periodismo, el ministro habló de «una gestión de máxima austeridad» (los gremios, a quienes Cristina de Kirchner convocó a «poner el hombro», deberán entonces olvidarse de aumentos salariales, al menos por varios meses), y de elaborar un plan de «corto, mediano y largo plazo». Esta afirmación descartaría de plano cualquier posibilidad de reprivatizar parte del capital de la aérea, algo que la Presidente prometió el lunes por la noche en la Casa Rosada: los planes de «largo plazo» suelen durar bastante más que los 60 días del acuerdo con el Grupo Marsans para tasar la empresa, y con los gremios para garantizar la «paz social». Ese plan quedaría definido, según De Vido, antes de que termine agosto. Para eso, agregó, se encontrará con casi todos los sindicatos de la actividad, salvo -claro-con APTA (técnicos), con cuya conducción parece existir un abismo imposible de cruzar (ver reportaje aparte).

La revisión de tropas la hizo junto con su secretario de Transporte Ricardo Jaime y del flamante gerente general de la compañía, Julio Alak. El ejecutivofuncionario había adelantado el lunes, tras el discurso presidencial, que la intención de esta nueva gestión era «poner en el aire nuevamente a siete aviones que hoy no están volando»; es obvio que esa aspiración requerirá un nuevo desembolso que se sumará a los $ 104 millones que lleva gastados el Estado desde que decidió desplazar a Marsans de la conducción de la empresa.

A pesar de estas erogaciones, De Vido explicó a sus nuevos subordinados que la primera medida de austeridad será eliminar los pasajes gratuitos para los familiares de los miembros del personal, algo que sin dudas no habría sido festejado con la euforia con que lo hicieron los miembros de la barra de APA ( personal de tierra) cuando el mismo ministro anunció la estatización en Gobierno.

  • Definición

  • En declaraciones a la agencia oficial «Télam», el ministro -tras decir que con los gerentes habían analizado el discurso de Cristina del día anterior-reveló que «cada gerencia va a ir haciendo su agenda de trabajo para poder consensuarla con el directorio, y luego hacer una reunión de trabajo entre todos para definir un programa de corto, mediano y largo plazo para la compañía».

    Después habló de «sinergizar la acción de Aerolíneas y Austral», de tener «una empresa rentable», de « homogeneizar la flota» y de «poner en valor a la compañía».

    Más allá de lo que son objetivos válidos está la enorme dificultad que encontrará el gobierno para alcanzarlos:

  • Los pilotos de Aerolíneas y de Austral -que hasta tienen sindicatos separados-mantienen una histórica pelea que no parece vaya a amenguar por el mero reemplazo de accionistas. De hecho, Jorge Pérez Tamayo, secretario general de APLA (Aerolíneas), se pronunció en favor de la «estatización para siempre»; su par de UALA (Austral), Diego Serra, dijo exactamente lo contrario: «Me remito a lo dicho por la señora Presidente respecto de reprivatizarla cuando esté en orden».

  • La rentabilidad de la empresa dependerá, entre otros factores no menores, de la evolución del precio del crudo y de mejorar la relación empleado/ avión, una de las más altas del mundo. Desde ya, se descarta que el gobierno vaya a intentar despidos, por lo que deberá incorporar más aviones a su flota y también modernizarla. ¿Qué «leasor» le alquilará aviones nuevos, eficientes en gasto de combustible, a un Estado que hace del aislamiento un autoelogio y que tiene pendientes cuentas y juicios con «hold outs» en cada aeropuerto del mundo en el que aterriza? No habrá más remedio entonces que seguir volando los anticuados Boeing 737-200 y los MD serie 80, cuyo consumo de aeronafta los hace inviables en cualquier lugar del planeta.

  • Lo apuntado también afecta la posibilidad de tener una flota monomarca -con la consiguiente eficiencia en repuestos, mantenimiento, etc.-: se volará con lo que se pueda y se consiga, a menos que el Estado destine otros u$s 1.500 millones a comprar una docena de aeronaves más o menos modernas.

  • El gobierno dice que «poner en valor a Aerolíneas» costará unos u$s 400 millones, pero expertos del sector ubican ese costo en la mitad o un poco más. Los órganos de control, entonces, deberán extremar su atención en qué se gastan esos dineros y cuánto termina en el destino pensado para ellos.
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