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20 de junio 2005 - 00:00

¿Paz o guerra? Duhalde se negó a seguir en Mercosur

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Eduardo Duhalde al arribar a Asunción, donde participó ayer de una cumbre del Mercosur, una de sus pasiones. Enfrentó la parada militar que lo esperaba en el aeropuerto con un atuendo novedoso en él: sobretodo ministerial, camisa desabrochada y típica chalina balbinista.

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El primer hecho que vuelve incierta la noticia de un pacto se produjo el viernes por la tarde. El ex presidente se comunicó ese día con el ministro del Gabinete de Kirchner con quien tiene mejor relación, Rafael Bielsa. Fue para pedirle que se abstenga de postularlo de nuevo como secretario general del Mercosur, dignidad con que fue investido en 2003 para un mandato que vence este año. Experto en producir excusas, Duhalde podrá aducir que los problemas de presión que lo vienen mortificando en los últimos tiempos le aconsejan abandonar la vida de viajero y, sobre todo, los traslados en avión. También está a mano otro pretexto, muy del personaje: el de la unidad familiar. Por más que, contra lo que se rumorea en el ambiente político, Chiche lo acompaña a menudo a Montevideo y hasta lo hace salir de compras por el shopping Punta Carretas, los dos en un 306 con chapa diplomática (sólo le falta el termo debajo del brazo a «Negro» para terminar de asimilarse en la otra orilla).

Sin embargo, no hace falta demasiada perspicacia para desentrañar las verdaderas razones del «renunciamiento». Por un lado, la relación con Kirchner está rota con independencia de la estrategia electoral que adopten los dos frente a los comicios de octubre. Es bastante razonable que Duhalde no quiera seguir representando al gobierno de su ex ahijado. En especial cuando son inminentes algunas encrucijadas delicadas. Por ejemplo, en setiembre deberá votarse en Naciones Unidas el proyecto de resolución que acaban de presentar Brasil, Japón, Alemania e India para que se amplíe el Consejo de Seguridad. La Cancillería argentina se pronunciará en contra, aprovechando que el texto no recomienda la incorporación de ningún país en particular, sólo la ampliación del grupo de miembros permanentes. Tal vez si figurara Brasil como candidato se hubiera decidido la abstención. Duhalde no quiere contradicciones con Itamaraty, cuya estrategia regional defendió a pesar de la distancia de Kirchner, sobre todo en lo relativo a la constitución de la Comunidad Sudamericana de Naciones.

Hay un motivo todavía más contundente para que el ex presidente desista de seguir ocupando un cargo internacional: el temor a darle una oportunidad a Kirchner para que lo desaire con una desautorización pública, retirándole la confianza. Así están las cosasentre estos dos ex socios.

Si es por Kirchner, tampoco parece haber síntomas de pacificación en las últimas horas. Ayer viajó a Asunción para la cumbre de presidentes del Mercosur, pero le pidió al embajador Rafael «Balito» Romá que lo cambie de hotel para no cruzarse con Duhalde. Del Excelsior, que es el alojamiento oficial de la reunión, pasó al Sabe, un hotel de 4 estrellas que tiene la ventaja del aislamiento. Tampoco quiso establecerse en la otra residencia de este encuentro, el Granados, tomado por lo bolivarianos de aquí y de allá: desde Hugo Chávez hasta su aliada porteña Alicia Castro, quien viajó a Asunción para asistir a la reunión de parlamentarios del Mercosur, previa a la de presidentes.



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