El palco de la contramarcha fue escenario de varias peleas entre los funcionarios públicos. Luis D'Elía hizo a un lado a Adolfo Pérez Esquivel y discute con el vicejefe de Gabinete de Felipe Solá y el piquetero oficial Tumini.
Adolfo Pérez Esquivel organizó la trampa kirchnerista y luego abandonó la contramarcha a la que había convocado en el Obelisco. «El único orador acá va a ser Pérez Esquivel», vociferaba Luis D'Elía a modo de excusa cuando ya era demasiado tarde: el premio Nobel de la Paz se bajó intempestivamente del escenario montado por el clan del subsecretario de Tierras y Hábitat Social quien copó y politizó la manifestación hasta el hartazgo.
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La poca asistencia de público, que rondó las dos mil personas, y las peleas internas entre las ramas de las organizaciones sociales adictas a Néstor Kirchner fueron las notas centrales del escuálido evento. Ausentes estuvieron Estela de Carlotto y sus Abuelas de Plaza de Mayo -distanciadas de Pérez Esquivel desde que surgieron fricciones internas por la organización del acto del 30 aniversario del golpe militar del 24 de marzo de 1976-. Ni las Madres lideradas por Hebe de Bonafini se acercaron al acto de D'Elía y optaron por marchar en torno a la Pirámide de Mayo temprano por la tarde. En definitiva, arriba y abajo del escenario montado sobre Diagonal Norte y Carlos Pellegrini -a espaldas del Obelisco-, el acto se saturó de ultrakirchneristas.
Pérez Esquivel, quien a pesar de no sumarse al show de D'Elía y Pérsico fue funcional al oficialismo al convocar a la contramarcha de ayer, aseguró que nunca se había puesto de acuerdo con el ex piquetero, y líder de la Federación Tierra y Vivienda, para efectuar la movilización al Obelisco en repudio a Juan Carlos Blumberg.
También acusó al funcionario de haber hecho un «manijazo» sobre su iniciativa para obtener rédito político.
Decoración
La FTV -las columnas más numerosas las aportaron las filiales de Florencio Varela y José C. Paz a cargo de los intendentes Julio Pereyra y Mario Ishii respectivamente-, el Movimiento Libres del Sur de Humberto Tumini, Barrios de Pie del funcionario -también ex piquetero- Jorge Ceballos y el bonaerense Movimiento Evita de Pérsico decoraron las adyacencias del Obelisco y unas dos cuadras con bombos y pancartas que decían «No al gatillo fácil» y «La inseguridad se soluciona con justicia social».
Mientras la senadora María Cristina Perceval miraba desconcertada a los punteros de D'Elía y Pérsico que se habían apoderado del escenario, Pérez Esquivel juraba que no había tenido «nada que ver» con la marcha organizada por el funcionario kirchnerista. «D'Elía ni siquiera se puso en comunicación conmigo. Es un manejo que ha hecho de publicidad en los medios. No quiero mezclar las cosas ni centrar esto en un problema» con el funcionario, argumentaba el dirigente de los derechos humanos. Ya era demasiado tarde para explicaciones. A esa altura de la noche un locutor anunciaba por altavoces la llegada de los diputados ultrakirchneristas Carlos Kunkel, Carlos «Cuto» Moreno, Dante Dovena y Araceli Méndez de Ferreyra, la misma que cortó con una pinza junto a D'Elía el alambrado del empresario estadounidense Douglas Tompkins en Corrientes. También estuvo Dante Gullo, Lito Borelo subsecretario de políticas sociales urbanas de Jorge Telerman y el imán Abdul Karim Paz, quien se ganó el aplauso del público al pedir solidaridad con Palestina, Irak, Líbano, Afganistán e Irán.
Luego de un minirrecital de Omar Mollo -hermano del cantante de Divididos-, todos los oradores -el imán, Gullo, Kunkel, Tumini, D'Elía y Pérsico- acusaron a Juan Carlos Blumberg de politizar su reclamo, criticaron a Mauricio Macri y acusaron al ingeniero de ser el representante de los intereses del proceso militar de los 70. El presentador fue Enrique Masllorens, dramaturgo, ex vocero de «Canal 7» y autor de la balada «Un extraño de pelo largo».
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