ver más

Ya superaste el límite de notas leídas.

Registrate gratis para seguir leyendo

18 de mayo 2005 - 00:00

Peor Moyano en la CGT al ir en contra de ministro

ver más
Hugo Moyano

El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.

Los dos problemas se entrelazarán, formal y materialmente, en la entrevista que le concederá a la conducción del sindicalismo esta semana el ministro de Trabajo, Carlos Tomada. Será para comenzar a hablar de la recomposición del salario a partir de un aumento del mínimo, vital y móvil. Pero el objetivo tácito del encuentro es otro, más bien simbólico: buena parte del arco sindical quiere dar a Tomada un escenario político de lucimiento después de la última gestión que realizó Hugo Moyano delante de Néstor Kirchner para derribarlo de la cartera.



La jugada de Moyano irritó más a sus colegas sindicales que al propio Tomada. Los «gordos», identificados con Armando Cavalieri, Oscar Lescano, Carlos West Ocampo, etc., le echan en cara que use el cargo de secretario general en el que lo entronizaron para hacer su propio juego expansivo. Es lógico: Recalde no es sino su propio abogado, aún cuando tenga conocimiento de años con el resto de los capitostes (en especial con Cavalieri). El intento de infiltrarlo en el gabinete nacional se encadena con otro zarpazo: el que les dio a los empleados de Comercio quedándose con los trabajadores de logística de supermercados Coto. Esta conducta de Moyano, que no entiende de límites ante sus propios pares, es la que está complicando su carrera hacia una conducción unificada que lo convierta de triunviro en monarca. Es cierto que varios de sus aliados lo han aconsejado en los últimos días para que se lime las uñas. Juan Manuel Palacios y José Luis Lingieri fueron los que más presionaron en este sentido, hasta conseguir que se reúna con Cavalieri para deponer las armas. Algo similar intentó Oscar Mangone, el titular de la comisión arbitral que falló a favor del camionero.

El primer límite que debe soportar Moyano en estos días es, entonces, el reconocimiento de Tomada como interlocutor de la CGT para la discusión salarial. Los « gordos» y Lingieri quieren que, a cambio de este certificado de legitimidad, el ministro abandone definitivamente a la CTA, aún cuando el sindicalismo estatal de izquierda acose al gobierno con medidas de fuerza cada vez más desmedidas. La formación de la comisión que represente al movimiento obrero en Ginebraserá una forma de hacerlo. El ritmo y contenido que se le dé al Consejo del Salario, la otra.

Los sindicatos alineados en la CGT se han propuesto transitar hasta octubre en un tira y afloja por aumentos de sueldos que les permitan ocupar un espacio siempre amenazado por la CTA y los piqueteros, a la vez que cumplir con el compromiso de paz social que les pidió Kirchner por lo menos hasta los comicios de octubre. Para esto pretenden que desde Trabajo se les monte un escenario de discusión salarial desde el cual disponer un aumento generalizado de $ 100. ¿Cuál sería la fecha ideal para que los sindicalistas obtengan esta «conquista social»? Ellos creen que debe ser el regalo de Kirchner a la nueva conducción unificada de la central obrera, que se establecerá a fines de junio.



Últimas noticias

Te puede interesar

Otras noticias